Lidia entró corriendo al restaurante feliz cada vez que capturaba la mirada de un admirador. Sabía muy bien lo bien que se veía en su vestido de cóctel. Sonriendo y guiñando a quienes pasaba, Lidia disfrutaba de las miradas irritadas de las citas de esas personas casi tanto como de las miradas lascivas de los hombres. —Perdón por llegar tarde —saludó Lidia mientras se unía a las chicas en el bar. Las demás forzaron sonrisas, algunas rodaron los ojos cuando pensaban que ella no estaba mirando. Aunque llevaba varios años conociendo a estas cinco mujeres, no eran amigas. Como personas de la alta sociedad, no podían permitirse ser amigas o siquiera amigables entre ellas. El mundo social era de todos contra todos y ninguna de ellas iba a permitir quedarse atrás respecto a las demás, esa era

