—¿Ya estás mejor del vértigo, Madeline? —Le muestro una mirada divertida, aunque mis facciones están serenas—. Dime la verdad. Se ríe un poco, pero no se apresura a responderme. Ella está disfrutando tanto como yo la sensación post sexo. Luego de haberse vestido, volvió al sofá conmigo, se acomodó en medio de mis piernas y desde entonces, está acostada sobre mi pecho. Llevamos al menos veinte minutos en esto. Me gustaría estar así durante horas, disfrutando de su calidez, de su cuerpo abrazando al mío, pero debemos entrar antes de que mi madre aparezca y se dé cuenta de lo que aquí sucedió. Y no es que tenga que pedirle permiso a mi madre para tener sexo con mi mujer en mi propia casa, es el hecho de que, por muchas ganas, mi madre merece respeto. —Estoy feliz… —Bosteza—. Satisfe

