No puedo dejar de ver sus ojos, son hipnotizantes. Y los míos arden por querer mantenerle la mirada. No sé qué tiene él, pero no dejo de sentir esta energía que me lleva constantemente en su dirección. No es solo una atracción emocional, es física. Tan desconcertante que no puedo negarla, que no puedo ir contra ella. —¿Cómo puedes estar tan seguro de que yo era eso que no sabías que buscabas? —pregunto y veo el movimiento de su pulgar en el dorso de mi mano—. ¿Un año viéndome de lejos? ¿Unos cuantos encuentros? Él se encoge de hombros. Yo lidio con mi escepticismo. Lo lanzo lejos. —Cuando lo sabes, lo sabes. «Y ambos lo sabemos, ¿verdad?». Pregunto en mi mente, pero no se lo digo. —¿No se suponía que debías vigilarme por si andaba en malos pasos? Eso hace que sus ojos bri

