Espero una negativa, espero que quite mis manos de su rostro y dé un paso atrás. Pero no sucede nada de eso. El hombre ante mí me sonríe. Sube sus manos hasta que cubre las mías y, con una voz rasposa que pone a bailar a mis hormonas, acepta mi petición. Guiándome con sus propias manos, se quita él mismo la máscara. Mi corazón late fuerte ante la expectativa. Sé que la noche anterior aquí en el club no teníamos máscaras, limitaciones, pero todo estaba bastante oscuro y yo, en realidad, presté más atención a su boca que al resto de su rostro. Pero ahora quiero verlo, quiero detallarlo, aprovechando que las luces esta noche son rojizas. Cuando su rostro queda al descubierto, me quedo viéndolo con atención. Es hermoso. Los ángulos de su rostro son tan exactos y perfectos, que me parece est

