—Las visitas en la correccional están restringidas —comenta un rato después, luego de parar en un pequeño comercio para comer algo—. Pero puedo conseguirte un pase especial para mañana. Lo miro desde el otro lado de la mesa, sentado frente a mí, tan imponente con ese traje y tan fuera de lugar en este restaurante tan pequeño y humilde. Le doy un mordisco a mi hamburguesa. —¿Esta es la parte en que te agradezco por ser mi salvador? Él se ríe de esa manera soberbia que comienza a gustarme tanto, se recuesta a la silla, se cruza de brazos y me levanta una ceja. —Esta es la parte en la que me explicas cómo carajos pretendías hacer, porque ir por los canales oficiales te hubiera tomado unos cuantos días. Dejo de masticar cuando una duda surge. —Entiendo tu punto, pero, créeme

