Valeria
No se que hacer, por más que muevo y muevo a Damián el no reacciona,«¿por Dios qué hice?» camino de lado a lado está desesperación me está matando, voy de nuevo hasta la cama me acerco y veo que mi cama está llena de sangre ¡Lo maté, lo maté! y ahora que hago, como puedo trato de levantarlo para sacarlo de mi habitación lo jalo con gran dificultad su cuerpo siempre es más grande que el mío, lo jalo con tanta fuerza que su cuerpo cae al suelo como una roca provocando que se golpeará aún más, pero mi alma vuelve al cuerpo al ver que por el fuerte golpe que le di, se movió o no se si fueron impresiones mías, pero lo que sí sé es que está con vida, lo que no se es que va a pasar cuando despierte, mejor será no averiguarlo y sacarlo de mi habitación cuanto antes, lo arrastró con gran dificultad debido a su peso hasta llevarlo al pasillo donde lo dejó aún lado de las escaleras, camino de nuevo habitación dejando atrás el cuerpo del hambre que quería hacerme daño.
El resto de la madrugada no pude dormir y mucho menos dejar de pensar que va pasar ahora que salga de mi habitación «será que Damián sigue ahí tirado», no puedo evitar pensar en eso; bueno al mal tiempo darle prisa así que terminó de arreglarme y salgo de mi habitación mirando hacia todos lados, suelto un suspiro grande al ver que el perro guardián de mi tia ya no está tirado, mejor dicho no se encuentra por ningún lado, camino hasta llegar a la cocina con mis nervios a flor de piel.
—Hola hermanita, ¿cómo amaneciste?, —giró al escuchar la voz de Martín.
—Hola, mi amor, ¿y tú qué haces a está hora despierto? Eh, —Me acerco hasta donde se encuentra él y le doy un suave beso sobre sus mejillas.
—Oye, yo te salude primero —dice sonriendo, al sentir que pellizco sus mejillas regordetas
—¿Y has visto a mi Tía?, —Pregunto curiosa
—No hermanita hace poco me levanté, —suspiro hondo, decidí dejar la paranoia e ir a la cocina y empezar a poner las ollas para el desayuno antes de que se levanté mi queridísima Tía, ayer no quedó muy contenta con lo que pasó con el prestigioso sebastian Jones "viejo asqueroso ", al cabo de 30 minutos ya tenía todo listo, el café, el jugo y todo lo que implica el desayuno de mi Tia, acomodé la mesa y ya tan sólo faltaba que mi tía baje.
Pero hoy en especial brilla por su ausencia, solo espero que su perro guardián no le haya ido con chismes porque no se de que será capaz mi Tía , al saber que su queridísimo amante tan sólo me tocó un pelo, -calmante Valeria,- Martín ven y termina tu desayuno. Como siempre mi hermano ayudándome a pesar de su discapacidad, por eso lo amo y lucho cada día más por que no le falta nada así mi vida sea una mierda, todo habrá valido la pena sólo por mirar esa carita y esos ojitos saltones por los que daría más que mi vida
—Valeria, Valeria, niña acaso no escuchas que te estoy llamando, —pegó un brinco al escuchar la voz de mi Tía Amanda, así que corro hasta el comedor
—Buenos días, tía, —agachó mi cabeza, pues a mi queridísima Tía le gusta que le hagan reverencia como si se tratara de la mismísima reina de Inglaterra
—¿Qué diablos te sucede, acaso no escuchaste que te llamaba? —dice, como siempre con su tono de regaño, cosa que no me extraña, pero en si se me hace extraño es su apariencia, está un poco desalineada y soñolienta, ella siempre se ha caracterizado por su buen vestir y hoy no es que luzca muy bien que digamos, lleva puesta la misma ropa del día anterior casi puedo jurar que durmió con ella, además tiene todo el maquillaje corrido y tiene una bostezadera como si no hubiera dormido nada o al contrario durmió mucho —. ¿Qué te pasa Valeria, amaneciste más tonta o te estás haciendo tonta? —dice.
—Perdón Tía no le escuche —digo— pero en qué le puedo ayudar —Respondo
—Tu no me puedes ayudar en nada, ¡inepta!. —Se gira y va a su trono, a la silla que antes solía sentarse mi padre y Como siempre al lado mi madre demostrando todo el amor que siempre existió entre ellos, pero para mi desgracia hoy esa silla la ocupa mi Tia, sintiéndose dueña y señora del mundo y de mi existencia
—Te pregunte que si has visto a Damián —dice, yo dejo caer el café que le estaba sirviendo "ay Diosito ayudame" miró a mi tia y está hecha una furia, como no, si le acabo de echar café hirviendo sobre sus piernas.
—Acaso me quieres matar estúpida —Dice, estampando su bastón sobre mis costillas, creo que ya se le hizo costumbre, no se que se irá partir primero si mis costillas o el bastón viejo que la ayuda a sostener su cojera
—Perdóname Tía, fue un accidente —digo, adolorida tomando un trapo para poder secar su ropa, que siempre vive recalcando que es de marca y muy fina, que ni con un año de trabajar me alcanzaría para pagarle « jajajaja» que ironia si precisamente yo soy quien la viste y pone un plato de comida en su estómago
—¡Déjame! no me toques y lárgate de aquí, y busca a Damián y dile que lo espero en mi habitación. —La miró como se va refunfuñando y maldiciendo a mil por hora, y ahora que hago, cómo le explicó a mi Tía, que lo menos que quiero hacer es buscar a su perro guardián, terminó de secar todo y lo llevo a la cocina
—Todo bien, mi Vale —dice Martín, al ver que llegó a la cocina.
—Si, claro amor nada de qué preocuparse, — termino de arreglar el desastre causado, que por primera vez en mi vida si fue mi culpa y salgo en busca de la persona que intentó abusar de mi, "Damián" dejo a Martín en la cocina viendo su programa favorito y salgo hacia el otro lado de la casa en busca del desgraciado de Damián, llegó al otra área de la casa y aquí estoy parada como un zombie pensando en que voy hacer en cuanto se abra esa puerta.