—Escucha... — va a hablarme y la interrumpo. —No suegra, no tengo tiempo para esta discusión, tengo mucho trabajo, pero no espero que ustedes entiendan lo que eso significa — me levanto de la mesa y me dirijo Ángel — seguimos hablando después, gracias por el almuerzo — me acerco y le doy un beso en la boca sé que ese par de arpías les debe estar reventando el hígado —Que terminen de pasar un buen día. —Eres una insolente — me dice mi suegra — le sonrió con toda la hipocresía que tengo. —Lo soy, pero recuerde lo que ha hecho está insolente por ustedes y así mismo no se olvide que se lo puedo quitar — esto se lo susurro y le guiño un ojo dándole un beso en la mejilla — después de todo soy el diablo en esta historia, ¿no es así? — esto último lo digo en voz alta para que Ángel lo escuché.

