—Ya no me regañes, acepto que me arriesgue y pudo haber salido mal, pero no fue el caso, así que podrías dejar de regañarme y celebrar conmigo. Pone esa cara de inocente y una sonrisa amplia de convencimiento se dibuja en su rostro. Me calmó, debo admitir que hace que pierda la paciencia fácilmente, pero también me calma. —¿A dónde quieres ir? — pregunto. Se ve serena, nadie creería que acaba de mandar a la cárcel a un desgraciado. —Donde sea, solamente quiero celebrar que me libré de ese hombre y sus presiones. —¿Por qué no me contaste lo que ese hombre te propuso y a cambio de qué? —No lo vi necesario y jamás iba a aceptarlo — estamos llegando a su casa y se sorprende — dije que quería celebrar Ángel, no que me trajeras a casa. —Pediremos pizza y supongo, que debes tener vino. Pode

