Era lunes por la mañana, camine directo a la cafetería de la escuela. Se me antojo tomar un jugo frutal.
Caminaba muy tranquila, sin inmutarme por las miradas de los demás.
A lo lejos vislumbre a Bruno, estaba en una esquina hablando con sus amigos. Se estaban riendo, hasta que me detecto.
Su mirada me recorrió de arriba abajo. Sonreí a mis adentros.
La verdad, se me hacía raro que él aun esté aquí en la ciudad. Pero recordé que en unos días será mi presentación. Y los lobos de las manadas vecinas tiene que estar presentes, así que supongo que él ya se quedó esperando el susodicho día.
Estaba vestida con una blusa de tirita en V junto con unos pantalones y tenis blancos. Mi cabellera rubia estaba suelta.
Decidí alejarme del lugar y sentarme en una banca.
Frente a mí estaba un chico lindo. Era alto, rubio, de ojos azules. Su pelo estaba largo, así que a un lado de su rostro caían hermosos rulos.
Me sonrió con burla.
"¿Qué te causa gracia?" lo reté molesta. Este hombre ¿Qué se cree? Tiene que tenerme respeto.
"¿Piensas que, por cambiar tu aspecto, tu mate regresara a ti? ¿Cómo si nada hubiera pasado?"
Le devolví la sonrisa con suficiencia.
"Yo no quiero una basura de regreso. Mi apariencia estaba deteriorada porque estaba enfocada en mi entrenamiento. El ser Beta de la manada Zafiro está por encima de todas las cosas. Hasta de mi aspecto."
Me encontraba orgullosa de ser Beta de la manada, entrene y estudio por muchos años para que al fin pueda de ser de ayuda al Alfa.
"Tienes razón. La segunda mujer mar importante de la manada no puede estar por ahí, caminando fachosa"
"Claro que no humano"
Estaba feliz, me levanto los ánimos este lindo humano.
"Soy teresa" me presenté, extendí mi mano para saludarlo correctamente.
"Claro que sé que eres Teresa, todos te conocen por ser de la familia aristocrática de Betas, pero ahora te ubican más por la rechazada"
Que rápido corren los chismes
"Me siento alagada, les encanta estar de metiches"
Saque mi mano, porque no tiene caso saludar a alguien tan mal educado.
"Caín" se presentó el chico.
Simplemente, me di la vuelta y lo ignoré. Todo el mundo es un completo idiota. Menos mi familia y mi Alfa.
Al llegar a mi casa por la tarde. Vi a mi padre sentado en el sillón.
"¿Cómo te fue hoy, hija?" pregunto preocupado por mí.
"Trato de seguirles el paso a todos" suspiré cansada.
Me senté junto a él y me recargué en su hombro.
"Ya verás que todo volverá a la normalidad. El próximo fin de semana es tu presentación como la Beta de la manada y el emperador estará presente. ¿No estás emocionada de por fin conocerlo?" pregunto mi madre ansiosa.
"Si mamá, la verdad si estoy nerviosa. La última vez que lo vi fue en la presentación del príncipe Ariel" comenté feliz.
Son muy pocos los lobos que conocen al Emperador, pero Gracias a nuestro Rey Alfa y su necesidad de tener muchos hijos, el emperador ha estado muy presente en la manada Zafiro.
"Ya no quiero ir a clases" comente cansada "Todos me observan y se siente muy incómodo, además me pusieron un apodo" comencé a quejarme.
"La rechazada" comento mi hermano. Asentí con la cabeza.
"Todos mis amigos me preguntan por ti"
Me tapé la cara con ambas manos frustrada.
"Ay mamá, ya no quiero ir. Todos me miran con lástima. Andan susurrando por todo el instituto. ¡Hasta los profesores habla de mí!" me exalté.
Mi mamá se sentó a un lado mío, quedando en medio de mis padres.
"El miércoles es tu último examen, tienes que estar tranquila. Concéntrate" me animo mi papá.
Él puede ser muy duro, pero siempre hace que todo parezca fácil y pueda lograrlo. Mi ejemplo a seguir.
"Si papa" les sonreí a ambos "Subiré a mi cuarto a seguir estudiando"
Mis padres asintieron y me dejaron subir.
Ellos tienen razón, no dejaré que este pequeño inconveniente acabe conmigo. Soy mucho más fuerte, ningún Omega va a venir a mí a derrumbarme.
Me la pase estudiando toda la tarde. A la mañana siguiente, después de mi primera hora de clase, tuve una hora libre.
Me dirigí a las bancas a escuchar un poco de música y descansar un rato.
A lo lejos veo a Caín sentado, fumando un cigarro.
"¿No es muy temprano para fumar?" le pregunté sentándome a su lado.
"Si fumo o no, no es tu problema" contesto molesto.
"Uy, lamento molestarlo, señor gruñón" conteste de igual forma. Me levanté, dispuesta a regresar por donde vine.
"Oye, perdón. Es solo que, estoy nervioso" se disculpó apenado.
Detuve mi paso y me giré para observarlo.
"¿Se podrá saber por qué estás nervioso?"
"Yo, no lo sé" se rascó la parte trasera de la nuca en señal de nerviosismo "Creo que hay alguien que me gusta, pero apenas nos conocemos. Además, ella es loba y yo soy un humano" comento decaído
Él no parece una mala persona y tampoco parece la clase de chico que es enamoradizo.
"No pareces ser romántico" comenté.
"Y no lo soy. Por eso me siento nervioso" me miro "Todo esto es nuevo para mí"
¿Acaso dije que tenía un lindo color de ojos? ¿No? Pues lo tiene.
"Dile" dije de la nada.
"¿Qué?" me pregunto anonado.
"Dile lo que sientes" me senté a su lado y tomé el cigarro que tenía en la mano, dándole una calada. "Ella debe de saberlo, no te lo guardes. Y si te rechaza, es una completa idiota"
Siguió mirándome, procesando lo que dije y poniéndome nerviosa.
"Tienes razón" sonrió animado. "Gracias Beta Teresa"
"Aún no asumo el cargo, pero por de mientras puedes decirme Tesa" tiré el cigarro ya terminado.
Se levantó del asiento y se giró para verme.
"No, tu nombre es hermoso y quiero saborearlo por completo." Termino la plática y se despidió muy animado.
Gire mi rostro por si acaso regresaba. Mi cara se sentía caliente, nunca nadie me había dicho esas palabras.
Me quedé sentada por el resto de la hora y ya transcurrido el día al terminar las clases salí en dirección al estacionamiento del instituto.
A lo lejos volví a ver a Caín sentado solo en una banca. ¿Acaso no tiene amigos? Me acerqué a él y que senté a su lado. Pude sentir su temperamento, estaba decaído y un poco molesto. Me quede callada por diez minutos, haciéndole únicamente compañía.
"¿Qué haces aquí?" por fin decidió hablar.
"Dándote mi hermosa compañía" me limité a contestar.
"Sabes, das unos consejos de mierda" comento triste.
"No puede ser"
"Si, me rechazo" agacho su cabeza "Dijo que no podría fijarse en un humano. Que era lindo, pero que también quería una vida segura"
"Es una tonta" trate de animarlo "Los jóvenes de ahora, nada más se fijan en las apariencias de los demás. En el estado económico y en las clases sociales. Dejaron de escuchar a sus corazones y comenzaron a escuchar el cerebro. Cuando lo que realmente tienes que hacer es"
"¿Escuchar al corazón?" me interrumpió Caín.
"No, escuchar al estómago. Si a tu pareja no le gusta tal alimento, siempre hay diferencias y nunca llegaran a complementarse entre sí" trate de bromear con él.
El caso es que siempre tiene que haber un 50/50, tienes que escuchar al corazón, pero el cerebro siempre te cuestionará y te hará pensar mejor las cosas.
"Lo arruinaste todo con el estómago" río Caín.
"Solo digo lo que pienso, ya sabes. La rechazada es sabia por experiencia" sonreí.
Él se me quedo viendo unos segundos hasta que se espabiló.
"Bien, es hora de irme" se levantó de su asiento. De igual manera me levanté y me dirigí al estacionamiento en donde se encontraba mi auto.
Me subí a mi auto y al salir del estacionamiento y pasar por la parada del autobús me detuve. Baje el vidrio de la ventana y le pite.
"¿A dónde vas?" le pregunte a Caín.
"A mi casa" sonreí.
"Sube, te llevo" traté de ser amable.
"No se preocupe Beta, esperaré el autobús" trato de rechazarme.
"Vamos, somos amigos, ¿no? Mínimo, déjame dejarte cerca" él asintió muy apenado y se subió al coche.
Me dio la dirección en donde vivía, y comencé a manejar hacia su casa. Estábamos hablando tranquilamente, de pura tontería. Hasta que por fin me dijo que lo dejara en la esquina.
"Gracias Teresa" asentí "Nos vemos mañana" bajo del auto, regalándome una linda sonrisa.
Mi corazón no dejaba de latir como loco. ¿No es muy pronto para olvidar a Bruno?