Insatisfacción. En eso se resumía mi vida y creo que tengo tantas ganas de morir ahora como tengo de matar Giuliano cuando nos gritábamos y todo marchaba mal y creo que soy egoísta porque quizás matar a alguien implica ejercer un acto que no quiero realizar por miedo al eco, y no sé si deba ser una razón por la que no quiero que gente muera.
Desde que soy consciente de mi razón, me rodeaba de personas y nunca me sentí incluida, siempre sentí que no pertenecía, pero pensaba que todo cambiaría alguna vez, pensaba que en algún momento esa insatisfacción social se iría y que dejaría de sentirla con las personas, quizás cuando me enamorara, o cuando descubriese una buena amistad. Pero al final del día siempre estaba sola.
Y quizás, por eso buscaba constantemente las drogas, necesitaba sentir algo que no fuera insatisfacción, buscaba extremos porque sentir lo malo es mejor que no sentir nada. Y es paradójico, hasta buscar tu muerte.
Estoy honestamente cansada de rodearme de gente y sentir que no me conocen, que gasto mis palabras cuando hablo, que se convierte todo en una pugna entre quien verbalice primero y que finalmente nadie quiera escuchar a nadie. El problema de vivir entre revolucionarios, de serlo, de querer hacer una revolución sin siquiera saber la causa, cuando la mejor revolución, quizás, es para conmigo misma. Estoy cansada de mentir y decir cosas que no pienso solo para no ser mala persona. Nunca quise ser buena y sin embargo siempre finjo que no pienso lo que pienso porque temo a que repercuta. Estoy cansada de sentir que nadie me satisface y que todos son imbéciles, que jamás resolverán mis problemas, ni siquiera los reconozco a la mayoría de mis amigos como pares, porque al final, cuando les hable de mí, solo quieren hablar de si mismos. Y cuando hablen de mi, a mis espaldas, no lo podré elegir. Estoy cansada de respirar y ver la hora, que los días se me hagan eternos y que sienta que quedan años de una cárcel que solo es mi cabeza. Estoy cansada de estar cansada.
Quiero vivir, una vida y sentir el eximio de esta parte que me toca, quiero sentir el universo, quiero sentir que tengo todo, quiero reír a carcajadas y que no sea mentira ni fingir, quiero querer a alguien realmente y que me reciban un abrazo, quiero dejar de mentir cuando digo lo que quiero. Quiero sentir las cosas buenas que digo y no decirlas porque quiero ganar algo con ello. Quiero no poder sentir nada malo, ni pensarlo. Quiero creer libremente que la gente es lo que muestra y lo que dice. Quiero entregarme sin miedo a que el otro se entregue o no. Quiero aterrizar sin paracaídas y que la bajada sea todo lo que busco, que me haga sentir mas viva que nunca y que estoy aquí por algo y no por coincidencia.
Cuando Giuliano desapareció de mi vida empecé a verme con otros chicos sexualmente, y no era raro el proceso, quería olvidarlo y estaba drogada. Pero no había ningún chico que me hiciera sentir algo especial por eso quizás envidio a las mujeres que conocí, como no consideraba que había estado enamorada de Giuliano o de alguna persona, y yo sentía que no había amado a nadie profundamente en ninguna de mis relaciones. Los chicos en el sexo, algunos eran fatales, otros tenían vidas tan distintas a la mía como ser atléticos y comían y bebían cosas sanas, este tipo de chicos siempre me aburrían. Y aquí es donde comienza la parte de mi historia que llamaré ''caer lo más bajo'' que puedes.
No sé porque meterme en aplicaciones de cita me pareció una buena idea, pero por irónico que suene, terminé conociendo chicos muy lindos allí. El problema es que, estaban locos, pero ¿quien no lo está? Entonces decidí que no dormirían conmigo, que solo vendrían, hicieran lo suyo, y luego se fueran, pero cuando solo quisiera yo. Y todo era bueno en el momento, al principio era divertido, pero luego eso ya no me satisfacía, porque en el camino por tener sexo me encontraba con tanto imbécil dando vueltas que solo prefería la soledad. Y soy totalmente consciente de que tenía estándares totalmente altos, y que no me importaban como pensaban, el único rol que debían cumplir era con la parte del sexo, pero se dormían junto a mí los imbéciles, y ni siquiera lo hacían bien. Los odiaba, volvía a odiar al mundo por cosas que solo las sentía yo. Y me cansé de estar con todo el maldito mundo, no había reputación que cuidar porque mis padres me amarían haga lo que haga y no tendría otra persona a quien amar que no sea Giuliano, y si mi corazón estaba con él, nadie más lo tendría.
Y allí, encontré una excusa tonta pero cuanto menos eficiente para mí, y menos dolorosa, nadie podía lastimarme porque nadie sabía de quien profundamente estaba enamorada, nadie sabía que quien podría destruirme era Giuliano, y a él aparentemente le importaba poco y nada lo que hacía yo con mi vida. Y así fue como comencé a disfrutar la soltería, la soledad, y empecé a darme cuenta que al final no todo en esta vida es como te lo pintan, siempre había querido ser atrevida, y solo los atrevidos son aquellos a los que admiramos, y yo no esperaba menos que eso. Giu era mi debilidad, pero en algún momento dejaría de serlo. Y al paso que iba, era muy probable que hasta ese vínculo terminara.
Pero un día, solo Dios sabrá que quise hacer las cosas bien, actuaba bien, la mayoría del tiempo, era solo cuando estaba sola. Y peleaba con mis padres por tonterías, porque las drogas te cambian, cambian la persona que eres, los valores que tienes no se trasladan a los que te hace sentir la droga, y cuando menos te das cuenta, es algo más grave que se suma al montón de desastre que uno hace por estar en ese mundo, y porque cuando eres así, quieres ser así, no te sale de otra manera no serlo, es un acto de revolución el hacerlo distinto. Porque solo el mundo sabe lo mucho que te esfuerzas, lo difícil que es, y es un sacrificio diario.
Luego entendí, después de casi morir por sobredosis, que quizás revolución era ser aquello que no estaba siendo, que había dejado de ser. Pero cada vez que lo intentaba, las cosas se ponían mal. Intentaba volver a tener amigos pero solo conocía a un montón de personas buscando pretextos para emborracharse, y honestamente, amaba mucho a mis padres, pero ellos no entendían lo que me sucedía, no entendían el sofoco, no entendían la ansiedad, lo nervioso que te pones cuando no puedes dormir, lo difícil y tormentoso de un ataque de pánico. Ellos solo me veían gritar, me abrazaban y no podía dejar de gritar, de llevarme las manos a la cabeza y a los hombros, que no podía no rascarme, que no podía parar, que todo esto solo lo terminaba aquello que me alejaba de ellos, que me hacía sentir tan fría que no podía sentir nada, ni tristeza, ni alegría. La depresión había vuelto a tocar esos días mi puerta, comenzaba a entender que lo de Giuliano había terminado y no había vuelta atrás, comenzaba a sofocarme porque había perdido nuevamente una batalla. Me daban penas mis padres porque ellos solo intentaban ayudarme y yo solo intentaba poder respirar otra vez silencio.
Así que les pedí a mis padres que volvieran a darme el tratamiento, aunque no es que me hayan escuchado a la primera, entiendo en parte que pensaran que estaba fingiendo, pero luego lo entendieron, me vieron llorar muchas noches seguidas, me vieron no poder dormir, me vieron tener interminables ataques y todo indicaba que todo estaba volviendo y en un momento bastante malo. Normalmente las pastillas no puedes dejar de la nada, debes hacerlo gradualmente, para evitarte estas cosas, pero eso sucede cuando no desconfían que eres una adicta. Y aunque los entendía, les guardaba algo de recelo porque esperaban que me sucediera todo aquel horror y que yo viviera lo que odiaba de mi vida para volver a ayudarme. Pero lo hicieron. Supongo que eso significaba que no eran malos padres después de todo, aunque les miento, nunca sentí que lo fueran. Solo que no podía hablar con ellos sobre Giuliano y sobre lo que realmente sucedía. No poder ser honesto con las personas que quieres es algo complicado. Tarde o temprano te atrapa en un agujero n***o de mentiras que no tenía ganas de sostener.
Por suerte, no había nada aparentemente que sostener, Giuliano se había borrado de mi existencia y había pasado un buen tiempo, y aunque lo había pasado terriblemente mal, comencé a tomar mi medicación y sentí por primera vez que quizás las cosas podían llevarse correctamente, ése era mi deseo. Que tuviera un perdón real, que alguna vez pudiera resarcirme con las personas que amaba, que pudiera llevar la vida de una persona normal, que siguiera con el tratamiento inicial y que nada de todo lo que sucedió, hubiera pasado.
Pero lamentablemente, no podía cambiar las cosas que pasaron.
La relación con mis padres mejoraba de a poco, pero siempre existía un poco de hastío, porque no puedes olvidar cuando fuiste violento con alguien, ni tampoco puedes volver a verlo a los ojos y olvidarte que lo hiciste, no puedes fingir que no dijiste cosas crueles, que no moviste toda la casa entera y que no hiciste todo lo que hiciste, eran cosas muy difíciles, que todos los días me acompañarían a la cama y me recordarían que era una persona que no valía la pena de estar en este mundo, pero lo intenté, intenté comenzar los estudios nuevamente e intenté pensar en un futuro, lo cual era mucho.
No voy a mentir, la seguridad que da el hogar, y el cobijo que dan los padres son exactamente como lo describen en la novela ''Demian'', son el mundo bello. Nada sucede cuando estás con tus padres y de pronto volvía la culpa en ocasiones porque tanto amor y tanta calidez me hacía sentir que no era merecedora de todo aquello, porque realmente había hecho cosas horribles y era una persona horrible. Siento que esto es muy fuerte, no son cosas que las hubiera hablado con ellos o que pudieran arreglar, las cosas habían pasado y estaban en el pasado, pero en realidad, nada jamás estaba enterrado totalmente en el pasado. Y profundamente, yo seguía deprimiéndome por las mismas cosas y preocupándome por lo mismo, pero esta vez, decidí darme la oportunidad de la revolución.
Pero no tardó tiempo en volverse a mí aquel fantasma de siempre, el vacío, la soledad, el sentirme ajena e incomprendida y todo aquello bajaba lentamente por mi mente a cada paso que daba, comenzaba a agigantarse en mis entrañas cada vez que volvía a intentar dar un paso correcto, cuando intentaba ser normal, volvía a escuchar dentro mío un susurro que me decía que profundamente, todas las cosas, tenían poca importancia para mí. Y era cierto, lo único importante para mí eran mis padres y con ellos la relación se había vuelto complicada.
Entonces, de a poco volví a enfermarme de todas aquellas frías sensaciones que me habían llevado a tomarme una pastilla por primer lugar, y luego, dos, y luego tres, y luego, todas las que pudiera para poder ignorar que alguna vez sentí todo esto. Y al final, nunca desaparecía, ni sobria, ni después de haberme drogado, pero sin embargo, esa era yo. Y me drogué y me seguí drogando porque no me gustaba lo que era. Y no lo podía explicar, por eso me drogaba. Era difícil, porque no encontraba motivo suficiente para dejar de drogarme cuando no quería hacerlo, no encontraba algo malo en una pastilla hasta que me arruinaban la vida, y aún así, las elegía todos los días. Ahí, quizás, debió estar mi revolución.