Cap 15 — Tocando las puertas del cielo.

2022 Words
Cuando tuve mi última recaída estuve en coma durante un tiempo. Cuando desperté supe que lo que había hecho era realmente malo, y aunque solo había estado unos días sin despertar, para el mundo había sucedido una eternidad. En toda mi vida no había temido a la muerte como en algunos acontecimientos que sucedieron previamente a mi caída, porque así fue, no había caído nuevamente y no porque no buscara hacerlo, ni siquiera pensé en las cosas, son ese tipo de cosas que haces, y sabes que estás mal, y te importa un carajo pero las haces porque aunque no lo decidas, tampoco te importa si hay un después. Había visto a Giuliano unos días antes y él sugirió que fuéramos con sus amigos, y no recuerdo cómo sucedieron las cosas exactamente, solo puedo decir como se sintieron. Todos sus amigos, incluyéndolo, tenían automóvil. Él conducía frenéticamente, y aunque tenía miedo, solo estaba contenta con estar en la silla de alado. Y todo fue tan rápido, y solo recuerdo a uno de sus amigos decir ''sería genial subirnos al tren de la estación y saltar al descampado'' y todos rieron como si fuera una idea genial, y a continuación, todos nos dirigíamos al único tren que salía del pueblo, el cual no tiene horarios frecuentes y tuvimos que esperar. No sabría decir cuanto tiempo esperar, solo sé que me estaba divirtiendo, Giuliano me abrazaba y me besaba con lengua frente a todos sus amigos, como si fuéramos una pareja y estaba maravillada. Todos estaban bebiendo, pero bebían cerveza y no me gustaba, entonces les dije que me compraría un vodka, uno de ellos dijo que iría en busca de cigarros y de paso traería vodka, lo cual fue bueno en el momento. Y desapareció. En ese tiempo, todo estaba tan bien, hasta que Giuliano se recostó sobre la parte delantera de su automóvil y su cuerpo se estiraba para atrás por su propio peso y no podía sostenerse, me tomaba de la mano y me empujaba hacía él, pero todos sus amigos estaban viendo. Y ahí fue cuando todo comenzó a sentirse mal, y no quería detenerlo, no dije nada, solo sonreía complaciente porque no quería enojarlo ni que todos se sintieran extraños, pero la extraña allí era yo. Comenzó a tocarme las piernas y los pechos sin ningún tipo de sutileza mientras me atraía hacia su cuerpo, y busqué en sus amigos una mirada de rescate, pero solo me encontré con miradas cómplices y deseosas de ver lo que sucedía, el momento fue tan horrible y vergonzoso, no sabía cómo actuar, y un milagro se hizo delante de mí; su amigo con el vodka y los cigarros. Con la mano derecha me extendió el vodka y mi mirada solo podía ser de júbilo, quería irme de ahí, ya no tenía ganas de tomar vodka, ya no quería estar con Giuliano, tenía miedo. Pero me quedé, pese a que una voz me decía insistente y quizás gritando que debía irme de ahí. Todos siguieron bebiendo pese a que se había gestado una situación incómoda, o quizás solo lo era para mí, y tomé el vodka, porque sabía que debía regresar con ellos y que planeaban jugar con el tren, pero la noche cortó más profundo. Llegó la hora de que el tren comenzara a moverse, y todos fueron corriendo a esperar a que los vagones pasaran frente a ellos, y Giuliano estiró la mano para llevarme con él, y aunque estaba molesta por lo anterior, solo lo seguí. Nos metimos dentro de los vagones cuando aún estaban cargando, y ahí fue cuando vi pasar mi vida frente a mis ojos y deseé haber sido una mejor chica. Cuando el tren comenzó a moverse, ellos esperaron, hasta que comenzó a moverse tan rápido que la tierra fuera del vagón del que mirábamos para saltar comenzó a dar el suficiente vértigo que te podría causar un vodka mezclado con xanax, pero eso no era una ilusión, era verdaderamente un tren en movimiento. Todos gritaron ''ahora'' y no me animé a saltar en el momento, pero un brazo me llevó consigo, el de Giuliano. Todos cayeron rodando salvajemente sobre el pasto, mientras que yo caí raspándome el rostro y solo pude recordar la sangre, porque el dolor no lo sentía, o al menos no estaba allí. Todos reían por sus saltos, pero yo sangraba, y comencé a desesperarme, y recuerdo haber dicho a gritos ''estoy sangrando'' y todos me vieron, pero ninguno se asustó. Las risas pararon, pero sonaba a que estaba exagerando. Podía ver mi sangre caer desde mi barbilla hasta el suelo y solo atinaba a decirle a Giuliano que me llevara al hospital, a lo que él respondió ''te llevaré a tu casa''. Y eso hizo, me dejó en frente a mi casa, en mi puerta, sangrando. Y se marchó. Mis padres esa noche llamaron a mi médico de cabecera y no tuve que ir al hospital sino a su casa, no había roto nada pero tenía raspaduras profundas, y por eso sangraba tanto. Al día siguiente, solo podía ver mi rostro, horrible, lacerado, y pensaba en si el amor debía doler, me había acostumbrado a pensar ilusamente que el amor debía doler, pero nunca pensé que podía lastimar tanto. Pensaba que el amor solo dolía silenciosamente, que podías ocultarlo, y no podía ocultar mi rostro, mis heridas, ni tampoco pude ocultar la situación, porque por supuesto tuve que dar una explicación al respecto a mi familia, y mis padres no solamente me ayudaron, también me recordaron lo mal que estaba que un chico que me pretendiese me abandonase a mi suerte y no se preocupara por verme sangrando, lo cual era aún más doloroso para mí, porque era cierto. Y entonces comencé a sentirme totalmente estúpida, y mal, no solo por lo sucedido, sino porque era un desastre, porque era tan inútil que solo había conseguido no importarle nada a quien yo amaba, que lo único que había podido lograr era ser el trofeo, un ritual de violación, una exageración para los juegos divertidos y extremos, y ahí comenzó el abismo. Había estado tan anestesiada que pensé que no podían lastimarme más, que Giuliano no podía hacerme peor, pero lo hizo, y todo lo que había estado escondido volvió, intensificado. Giuliano jamás me amaría y yo tampoco podría amarlo como él quería.  Lo cierto es que, no debía rogarle a nadie. Yo solía ser de rosas y cartas, de escuchar una melodía en mi mente mientras las cosas sucedían, pero la verdad es que nada de eso era real. Las mariposas, los gestos, el romance ideal. El cuento de hadas solo es eso, un cuento, el resto era realidad distorsionada. El amor no debe doler. El amor no lastima, no abandona, no se siente como soledad ni como ausencia. Las llamas de aquello que consideraba amor, me había costado tanto superarlo que la única manera que tenía de hacerlo era a través del odio. Supe después, que el odio queda doliendo más tiempo. Pero en aquel momento tuve que aferrarme a aquello, al odio, al rencor, a ver como todo lo que en mi mente estaba romantizado fuera ahora todo lo contrario. Veía cada imagen que había pasado con otra perspectiva, con revisión, y entonces sucedía un fenómeno magnífico, me daba cuenta de todo lo que era mi mente y todo lo que era real, y la mayoría de las cosas solo eran mis sueños. Mi dirección no estaba allí con él. Ni yo siquiera era yo cuando estaba con él, era simplemente lo que debía ser a su lado. Me pregunto ahora mismo, ha pasado tanto tiempo, ¿somos realmente lo que somos cuando estamos solos o también somos aquello que somos cuando estamos con los demás? Porque entonces no me gusta en lo que me convierto cuando estoy con las personas. Quisiera permanecer siendo lo que soy, y ahora lo veo con claridad. El amor se debe sentir como la lluvia en un momento único, debe ser una melodía que se dance de a dos. Se debía sentir recíproco, no debía ser fingido, ni tenso, ni tan preparado. No debo tener miedo de que me lastime el ser amado, si temía era porque existía una remota posibilidad en mi mente de que lo supiera, de que supiera que Giuliano no dudaría en lastimarme. Tuvo mi corazón en sus manos y yo sabía antes que todos que a él nunca le importaría. No podría apreciar mi corazón, ni tratarlo con delicadeza, porque ni siquiera compartíamos un mismo camino, su camino era el suyo y yo solamente lo seguiría. Pero ahora lo veo tan lejano, y a su vez, me sigue perturbando. Detesto que haya pasado tanto tiempo y que esto me siga dando escalofríos, como si fuera un fantasma y que las heridas no cicatricen nunca. Me he estado preguntando si esto es normal, si todas las personas arrastramos heridas que no se las contamos a nadie. Me preguntaba si era normal ser tan penoso, porque no quiero esto para mi vida. Quiero sanar, quisiera poder hacerlo del todo. Solo quiero decirle a mi corazón y a mi mente que sane, que lo haga rápido, mierda, no es tan difícil, ya ha terminado todo. El show debe terminar, ¿porque no puedo cerrar este ciclo y porque sigue doliendo? En ocasiones vuelvo a llorar, y hasta ahora mis padres se preocupan por cada lágrima, creo que les he jodido la cabeza. Buscan que mis días se alegren con estupideces que realmente no me importan tanto, como comprar mis comidas favoritas, como ver las películas de Nicholas Sparks aunque a ellos no les guste demasiado el romance. Nunca supe realmente lo egoísta que había sido en aquel tiempo hasta que dejé de estar tan drogada y lo supe. Mis padres jamás me hablaban de sus cosas, de la situación económica que atravesáramos y sabía que todo lo que significaba estar bien para mí, significaba un gran peso económico. Nada es gratis en este país, y verdaderamente, sé que el problema con las adicciones es que pensamos que los adictos son problemáticos, sé que muchas veces he rectificado ese pensamiento, pero en realidad no es ciento por ciento así. Las personas adictas no se dan cuenta cuando lo son hasta que todo es realmente malo, las personas adictas tienen un problema, como cualquiera. Y la medicina debería contemplar estas cosas. La adicción es una enfermedad, pero que jamás curan.  ''Siempre te veo tomando esas pastillas, pero jamás veo que dejes de llorar'' solía repetir mi padre. Y recuerdo discutirle, pero discutir era normal para mí, no podía dejar a duda esa beta que se había generado, debía tapar ese vacío que realmente existía entre la medicina y sus resultados.  Según dicen es porque no las tomas con responsabilidad, pero nadie se ha curado de depresión por tratamiento con psicofárcamos, lo sé, pero no por mí, sino porque he tenido amigos que han tenido tratamientos con psicofármacos y cuando los han dejado, porque claramente no eran mi caso y podían dejarlos, no se habían vuelto adictos, volvían a recaer. Buscaban un psicólogo que reemplace lo que para mí era más fácil de terminar llevándome una de aquellas a la boca. Pero realmente, las pastillas no podían curarme. Mi cerebro había nacido así, y no sé exactamente que debía haber hecho, porque antes de preguntarme si debía haber hecho las cosas de alguna u otra manera, tenía que ser lo suficientemente autocrítica para darme cuenta de que tenía una adicción. Cosa que no sucede realmente y en el tiempo que debería.  Es decir, la primera sobredosis pensé que había sido una reacción alérgica, porque no había tomado una dosis mortífera, no quería ni buscaba morir. No podía aquello convertirme en una adicta. Y luego, sucedieron otras cosas, que me hicieron sentir que la muerte realmente merodeaba de cerca a las personas que consumían lo mismo que yo, pero tampoco mentiría, a mi no me importaba la muerte ajena, era muy probable que de ser por mí, siempre las hubiera elegido. A las pastillas, digo. 
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD