Izán en todo momento quedó en silencio, mirando por la ventanilla. Cada tanto volteo y lo veo fugazmente. -No quería gritarle lo que le dije - murmura sin observarme. -Sé ella sabe eso - tomo su manito y le doy un leve apretón. -Ella me odia - murmura con la voz rasposa. En la desesperación de ver a otra persona llorando por mi culpa, derrapo, giro en la interestatal y estacionó al costado de la carretera. Izán me observa temeroso, estiro la mano y le sonrío. -No te haré daño, campeón - susurro observando su reacción. Lentamente estira su manito y toma la mía. Lo traigo a mi cuerpo, sentándolo en mi regazo. Esconde su rostro en mi pecho y siento su cuerpo temblar. -No puedo imaginar la relación que tienen tu mamá y tu, pero sé que ella jamás podría odiarte. - acarició su sedoso cabe

