-Arriba muñequita - murmuro en su oído. Con su espalda descubierta, cabello esparcido por el colchón blanco y el edredón de seda cubriéndole apenas el trasero, me roba un suspiro. De a poco se despereza bostezando y provoca que el edredón se deslice hasta su cintura, dejando a la vista sus redondos y perfectos pechos. Estira su mano hasta mi nuca y me atrae a un beso. -Debemos ir al palacio - murmuro, dejo un beso en su frente y me levanto de la cama. -¿Porque? - pregunta adormilada estirándose en la cama. -Tenemos un desayuno oficial - le guiño un ojo. Mientras me lavo los dientes, la veo observar detenidamente su anillo de compromiso. Aún con espuma en la boca, camino hacia ella. -¿No te gustó? Porque podemos cambiarlo si quieres - le digo con la boca llena de espuma. Ella niega.

