+++++++++++++++ Llegar a mi casa fue como un soplo de aire fresco, como si después de tantos días de hospital, de luces blancas que me cegaban y ese olor a desinfectante que ya tenía metido en la nariz, por fin pudiera respirar de verdad. Cuando crucé la puerta, no pude evitar sentir un escalofrío de emoción. Estaba en mi sala, en Mi espacio. Los globos de colores colgaban por todos lados, sobre la mesa había un pastel que olía a gloria, chocolate caliente en jarras grandes y hasta vasos con jugo de frutas. Ni una gota de vino, claro que no. Ellos me conocen, saben mi estado, mi estrés, el embarazo. No hicieron falta excusas: su manera de cuidarme fue privarse de algo tan simple como el alcohol solo para que yo no me sintiera tentada. Me senté en el sofá, rodeada de risas y cariño, y obs

