Respiro hondo, tengo el celular en la mano y el vino en la otra, y siento que en cualquier momento voy a parir un unicornio del susto y la emoción. Ese condenado arquitecto me escribió “dime cuándo y dónde” y yo, con el corazón latiendo como si hubiera corrido una maratón en tacones, me digo: —Bianca, no la vayas a cagar. Pero claro, estoy rodeada de las hienas del club. Thiago me abanica con su camisa como si estuviera en plena samba, Claudia me mira con ojos de bruja esperando mi pacto con el diablo, Camila ya tiene media nalga fuera del sofá de la ansiedad, Isabella finge seriedad pero yo sé que se muere por leer el mensaje entero, y Amelia… bueno, Amelia sonríe como novia maldita, segura de que voy a meterme en un lío monumental. —¡Respóndele ya, zorra! —grita Thiago, con esa voz qu

