+EMILIANO+ Estoy llegando a casa y lo primero que tengo en mente es ella. Bianca. Su sonrisa, su piel todavía marcada en mi memoria, su olor enredado en mi camisa. No me importa el cansancio ni el día que cargué encima, lo único que quiero es verla, abrazarla, perderme un instante en sus ojos. En una mano llevo un ramo de rosas rojas. Hermosas, perfectas, como pensé que se verían en sus manos. Las compré sin pensarlo demasiado, porque a veces los gestos hablan más que mis palabras torpes. Y ella, Bianca, se merece eso y más. Empujo la puerta, escucho voces adentro. Me figuro que serán Claudia o alguna de sus amigas riéndose con ella, hablando de cualquier cosa. Sonrío solo de imaginarla relajada, riendo, olvidando un poco el peso de la vida. —Buenas noches —digo con entusiasmo, casi ca

