Thiago aplaude como si estuviera en el teatro. —¡Bravoooo! Esa es mi nena. “Bianca, la indomable”. Yo me pongo de pie y hago una reverencia dramática. —Gracias, gracias, publico querido. Y no se preocupen, que aunque venga el amor a tocar mi puerta, yo lo mando a dormir en el sofá. Claudia me pasa una copa de vino, porque obvio ya era hora de empezar la mañana con alcohol, y me guiña un ojo. —Perra, pero mírate, con ese cuerpazo a los cuarenta. Tú entras a esa app y te llueven los machos. Yo la miro con orgullo, me pongo de pie otra vez y me acomodo el pelo como si estuviera en plena pasarela. —Mijaaa, yo no necesito apps. Yo entro al supermercado y ya tengo cinco ofertas. Todas explotan en carcajadas, Thiago se tira al sofá muerto de risa. Camila me señala con la copa en la mano.

