Maximus hizo un gesto de desagrado, como si le hubieran dado un trago amargo. Se pasó la mano por la cara, frotándose los ojos, y por un segundo recordó las palabras de Rosie esa vez que hablaron del tema. "Para quedar embarazada, debemos tener sexo. No me voy a someter a ninguna inseminación, Maxi. Eso es frío, impersonal. Si vamos a hacer esto, lo hacemos de verdad". La idea le revolvió el estómago, no porque Rosie no le atrajera, aunque nunca lo admitiría, sino porque todo se sentía como una trampa. ¿Acostarse con ella? ¿Solo para salvar la empresa y la mansión? Se sentía como un animal en una jaula.
—¿Un heredero? ¿Ya? —dijo él, con la voz ronca de la frustración—. Abuela, no soy una máquina. ¿Quieres que vaya y la embarace como si nada? Rosie no es de las que se dejan usar. Y yo... yo no quiero esto. No así.
La patriarca lo miró fijo, sin pestañear, y su expresión se volvió más dura, como una pared de ladrillos.
—Escúchame bien, Maximus. El bebé es la única salvación real ahora. Douglas no va a parar hasta que nos deje en la calle. ¿Quieres perder la empresa? ¿La mansión? ¿Todo lo que tu padre construyó y tú has mantenido con tanto esfuerzo? Un hijo lo cambia todo. Fortalece el testamento, ata la herencia a ti y a tu línea. Rosie es fuerte, es lista, y aunque no lo creas, te conviene. No me digas que no es linda, porque es una chica guapa, solo que necesita algo de ayuda en su apariencia, pero es hermosa y gentil Maximus negó con la cabeza, pero no dijo nada al principio. Su mente iba a mil: imágenes de Douglas riendo en el pasillo, el abogado con sus papeles, y ahora esto. Un bebé. Sexo con Rosie. Todo se mezclaba en su cabeza como un torbellino. Quería gritar, romper algo, pero en cambio solo suspiró hondo, sintiendo el peso en los hombros.
—Abuela, esto es una locura. Me estás pidiendo fingir, osea que en mis manos está todo en juego —No es fingir —insistió ella, acercándose y poniéndole una mano en el brazo—. Es sobrevivir. Y si no lo haces, Douglas gana. Piensa en eso.
Se quedó callada un segundo, mirándolo como si esperara que él cediera. Luego, sin más, dio media vuelta y empezó a caminar hacia el pasillo que llevaba hacia su despacho —Voy a descansar. Ha sido un día largo. Tú piénsalo, Maxi. Y no seas tan duro con Rosie. Ella no se merece esto.
Lo dejó solo en el salón, con el eco de sus pasos alejándose por el piso de mármol. Maximus se quedó ahí, de pie, mirando el vacío. El silencio de la mansión era pesado, como si las paredes supieran todos los secretos que guardaban. Levantó la vista hacia las escaleras de la segunda planta, por donde Rosie se había ido hace un rato. Imaginó su habitación, la luz tenue, ella sentada en la cama con esa cara de decepción que le había visto antes. Negó con la cabeza, como tratando de sacudirse la idea, pero no funcionó.
"No me pienso dejar ganar por ese desgraciado de Douglas", pensó, apretando los puños. "Todo esto me pertenece a mí. La empresa, la herencia, la vida que he construido. Si un heredero es lo que frena sus planes, entonces... que así sea".
Su corazón latía fuerte, una mezcla de rabia y algo más que no quería nombrar. ¿Nervios? ¿Emoción? Rosie no era solo una obligación; había momentos en que su mirada lo ponía inquieto.
Decidió que no iba a esperar. Esta misma noche llevaría a cabo la petición de su abuela. Acostarse con Rosie. No por romance, sino por venganza contra su tío Por otro lado, Rosie llegó a la misma habitación donde había pasado la noche. Tomó asiento en el sillón que queda al lado de la ventana y luego miró el jardín. Suelta un largo suspiro y piensa que todo se le está volviendo difícil y que estar cerca de Maximus cada vez, cada vez aumenta más el dolor.
Al recordar la hoja que ella agarró, la que se le cayó a Maxi, la saca del bolso y se dispone a abrir, es un hermoso diseño, un vestido tan precioso, un dibujo elaborado a la perfección. Y al ver la firma de su ahora esposo en esa hoja, piensa que él lo hizo, así que pasa sus dedos sutilmente por cada trazo de línea que el mismo dibujo a pulso.
—¿Cómo es que aún te sigo amando? A pesar de los años, aún sigues clavado en mi corazón. Y eres algo que duele, pero que me cautiva al mismo tiempo— susurra —Esto es una locura… quizás no hubiera firmado aún. Creo que los Livingston tienen muchos problemas que me podrían afectar. Ese tío me causa una energía pesada. Puedo percibir su maldad, su odio. No lo quiero tener cerca, la forma en que me miró no fue normal, es como si yo fuera su presa, es… ¡Ay quizás estoy exagerando!— dijo guardando el diseño de Livingston. —Creo que lo mejor será darme un baño… Me siento estresada y cansada. Si estoy es el primer día siendo una Livingston, no me quiero imaginar lo que se me viene Rosie se da un baño, no uno cualquiera. Uno relajante en la bañera con agua tibia y luego de eso, se acerca a su armario para colocarse algo de vestimenta, pero no. Prefiero solo colocarse la ropa interior y así meterse a la cama.
Quería sentirse libre. Al estar cobijada, recuerda la novia de Maximus y lo guapa que es. La manera en que ella lo besó y eso la hizo fantasear, como si fuera ella quien lo estuviera besando. Deseaba intensamente serlo aunque él sea un total tonto arrogante.
—Estoy loca… loca por pensar de esa manera— Vociferó y luego suelta un largo suspiro. No debería, realmente no debería, pero una chica, que no ha tenido novio, que ha estado enamorada de un solo hombre, vivir bajo el mismo techo que él, y ser su esposa, es una total tentación. —¿Cómo sería… que estuvieras aquí a mi lado?— pregunta en susurró y luego cierra sus ojos por un momento. Imagina a Maxi, que se le acerca y le besa los labios con lentitud pasional. Y que luego… él le acaricia su pequeño cuerpo con un deseo hasta llegar a su entrepierna y que la mira con lujuria. Una marea intensa de calor se apoderó de ella, cuando escucha q ue tocan la puerta de su habitación