Con cada día que pasaba, la expansión de Armonía Viva tomaba forma. Había algo en el aire que anunciaba el cambio, una energía vibrante que invadía sus corazones. Ana y Gabriel estaban aprendiendo a navegar por este nuevo rumbo, a veces con confianza, otras veces con temor. Pero sabían que estaban tomando un riesgo necesario, uno que les permitiría alcanzar lo que siempre habían soñado, aunque sin dejar de lado las incertidumbres del camino. Las primeras semanas después de que firmaron los acuerdos fueron una mezcla de emoción y ansiedad. El crecimiento exponencial de la empresa los mantenía ocupados, llenos de reuniones, negociaciones, llamadas con inversionistas y empleados potenciales. Pero mientras más avanzaban, más sentían que el mundo que conocían comenzaba a alejarse de ellos. El

