* * * * * * * * * Una hora después ya estábamos de regreso del hospital, conduje hasta su lujosa casa y sonreí al entrar por ver el desastre que era, habían juguetes por doquier, ropa color rosa en el piso y libros apilados en la mesa. «Es un indicio de que no hay una señora Hamilton» — ¡Guau! — Exclamé en tono bajo. «Lyon en realidad, no sabía nada sobre niños.» Me guió en dirección a su habitación, y acostó a Molly en su enorme cama bajo las sábanas de satín rojo. Le extendí a Molly un jugo pediátrico con una pajita para que lo bebiera, con lentitud lo tomó mientras las lágrimas caían por su rostro, en serio que sí se sentía mal. De vez en cuándo extendía la pajita hacía el rostro de su muñeca, como si ella también estuviese enferma. Limpié sus lágrimas y cambié su ropa por un

