Shesta.
Miré mis manos teñidas de un color carmesí. Me repugnaba de tal manera que quería vomitar, aunque la segunda idea resultaba más desagradable. Mi intención no fue matarlos, sólo les quitaría la memoria, demonios, me había excedido. Estiré mis manos delante de los cadáveres. Reuní un poco de energía quemando totalmente a los cuerpos. Era lo mejor, probablemente si alguien venía, esto sería tomado como una pequeña hoguera que se salió un poco de control.
Me paré sin ceder la mirada de donde una vez estuvieron los dos cadáveres mientras me iba hacia el río que se encontraba a sólo unos centímetros mío. Su agua cristalina se tiñó de rojo, al contacto con mis manos manchadas de sangre, frío, mis vellos corporales se erizaron en respuesta.
Al sentir algo extraño alcé mi mentón aspirando el nuevo aroma, no tarde mucho en darme cuenta que era de hombres lobos. Me encontraba en medio de los límites de las dos manadas más poderosas del mundo. La manada Ojo de Luna, que no era ni más ni menos de Máximo, ese asqueroso y repugnante ser, y la otra manada era la más poderosa del mundo, la manada Corona de Oro, conocida más por ser la manada de la realeza, la principal y la suprema soberana. ¿Qué querría Máximo de mí? Hay cosas más importantes que pensar en eso.
Si bien no me molestaba estar con mis nariz llena de aroma a lobo... Era bastante extraño. El olor a lobo era mucho más fuerte en la dirección de Corona de Oro, lo cual era bastante razonable sino fuese que estaba totalmente infestado a ese olor.
Sin esperar más, me dirigí en busca de lo que era mío.
Mis cabellos blancos bailaban con la fuerza del viento. Toda la vegetación me daba paso para seguir mi misión, cada paso que daba me acercaba más a mi destinó.
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Mi corazón se encontraba un poco alterado por tanto correr, con palpitaciones bastantes aceleradas. Mientras más me acercaba el Castillo, se podía sentir más fuerte el olor a lobo, eran muchos más que antes y estaba segura que eso no era bueno, no había forma de que lo fuera.
La extensión de Corona de Oro era gigante y en todo mi transcurso no pude ver ni una sola planta muerta y seca, era un desperdicio tener tanta tierra buena y fértil sin utilizar... Aunque era muy lindo que se conservase tal como estaba, la belleza de la naturaleza tan pura cómo lo estaría en una zona sin ser descubierta.
Emprendi nuevamente el rumbo. No era bueno perder tiempo, y mucho menos en mi condición de hambruna, si se cruzaba alguien en mi camino, lo más seguro es qué dudaria en dejarlo ir así como si nada, eso, no presagiaba algo bueno.
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Había tardado aproximadamente un día en atravesar todo el largo de esta gran manada. Era exageradamente mucho considerando mi velocidad y el ritmo constante que mantenía con este.
Dirigi mi mirada hacia arriba de la muralla. Mi habilidad de salto gastaría mucha energías, así que sólo me conforme con escalar, aún con mi pesima estabilidad. Mis manos quedaron algo heridas después de la escalada, no ardían y tampoco se sentían heridas, por lo que continúe.
No me noté tan sorprendida ante la vista de grandes y elegantes mesas llenas de exquisitos manjares... La verdad ya me esperaba que hubiera gente... Pero no tanta. Sabía que era el sosticio de Luna Roja, pero esto era mucha gente.
El sosticio de Luna Roja era una celebración que sucedía cada 20 siglos y venían todos los Alfas, Lunas, Betas y futuros Alfas para celebrarla en el Castillo junto a la realeza. No estaba permitido faltar, se lo tomaría como un rechazo y una traición para las demás manadas, por lo cual, tu manada sería completamente formada por rogues y no tendrías derecho al tener tu terreno en completa legalidad, haciendo entonces que cualquier manada pueda invadirte con suma facilidad sin tener consecuencias legales. Exagerado. ¿No? Cada manada rezaba para que sus gobernantes fueran mates de algún otro gobernante de una manada de buena posición. ¡Y que decir si se relacionan con la realeza! Para estas personas tan 'convenencieras' sería como si les dieran todos los terrenos del mundo... Bueno, en parte es así.
Lo que me desconcertaba del panorama era que parecía que vinieron toda la familia de cada manada... En cierta manera, los hombre lobos eran como perros; O sea se, que cada matrimonio podía llegar a tener 8 hijos.
Baje de un sólo movimiento, cayendo de pie entre los arbustos. Me perdí entre la oscuridad como si formase parte de ella, mientras me mantenía viendo cualquier indicio de donde se encontrarian los tesoros reales. Tenía que ser lo más sigilosa posible si es que no quería ser atrapada.
Nadie me podia oler por razones que no conozco, a veces mi aroma solía esconderse por su propia cuenta... Siempre ha sido así y no busco respuesta, sólo me quedo conforme con tener ese don en mí.
Todo pasó muy rápido... El aroma, mis garras, mi hambre, mis ojos, mis colmillos y lo más importante... Ella. Aquélla presencia dentro mío tomó forma e intentó poseerme totalmente.
Sí.
El ser que tengo dentro mío, que sólo me habló una vez, y ahora me estaba exigiendo que buscase a mi alma gemela. No sabía ni que tenía alma gemela... En realidad no sabía ni que demonios era yo, y mucho menos Shesta sabía algo, sólo sabíamos una cosa; Éramos peligrosas.
—¡Ve y encuentralo! ¡Corre! ¡Buscalo!— Hice caso omiso de Shesta y me concentre en relajarme. No debía de perder la compostura, no llena de hombres lobos y guardias rodeandome.
Había algo en la persona que me provocaba esto que alteraba mi sangre, producía que no fuera consciente de lo cual peligroso era sentir tanta adrenalina en mi cuerpo. Mi cabeza viajaba a una velocidad que no era humana procesando sentimientos y sensaciones que jamás había sentido. Él, era un él, pero no sabía quién era, y quería tenerlo ahora mismo, piel con piel, alma con alma, quería poseerlo. Se lo debi todo a mi naturaleza y personalidad, pero seguía siendo intenso e incontrolable.
Mis ojos anteriormente blanquecinos casi transparentes se habían echo de un blanco puro, y eran tan brillantes como dos bolas de fuego ardiente, mis colmillos sobresalian un poco de mis carnosos labios, mis garras con barniz n***o eran tan filosas que fácilmente podría despedazar a una persona, con el hambre que tenía podria dejar a todos los de aquí totalmente secos, y el aroma a lluvia con un extraño perfume que no podría definir el olor, no ayudaba. ¡Me volvía loca! ¡Mi cuerpo no respondía!
Me tomé varios minutos en tranquilizar lo más que podía a Shesta. Entre mi desesperación logre escuchar algo con dificultad:
— Les presentamos a Jack Andree Devoulnor'e antiguo Príncipe heredero y ahora rey de todas las manadas— Dijo una voz que parecía de un hombre joven.
Confundida y con el aroma todavía en mi nariz, salí de mi escondite. Todos soltaron una exclamación al fijarse en mi presencia, era obvio sabiendo mi vestimenta para nada elegante... Claramente era una escabullida.
Empecé a buscarlo aún con todas las miradas sobre mí. De repente algo paso, paso tan rápido que quede en un ligero shock momentáneo. Se sintió como si miles de ondas pasarán por la extenso de mi cuerpo. Una descarga eléctrica hubiera sido menos cruel.
—¡Tú eres mía!
Unas manos me encarcelaron por la cintura. Parpadeé casi atontada.
—Teanquilo niño no soy tu juguete — Dijé mientras me ocupaba en mantenerme calmada, no quería devorarlo en frente de todos, mejor dicho, directamente no lo quería comer.
No tengo tiempo para jugar con un puberto, tengo que encontrar al poseedor de ese grandioso aroma. Olfetee el aire pero sólo llegue a una conclusión...
¿¡Esto es una broma no!?