2. Ayurnamat

1955 Words
«Dejar de preocuparse por lo que no podemos cambiar» Jessica Haciendo mis maletas, tomo asiento un momento porque siento que voy a morir al seguir haciendo berrinche y metiendo mil vestidos en las maletas. Mi padre me convenció en irme, es lo mejor por un tiempo, pero, no puedo seguir huyendo toda mi vida por algo que no fue mi culpa. — ¿Estás segura de seguirle la corriente a la locura de tu papá? —Indaga Meili del otro lado del teléfono. Si, la poli se convirtió en cuestión de horas la confidente del año en lo que sea que me pase el resto del año. — Claro, papá habla, papá manda… regla de vida. Sigo tomando la ropa y haciéndola un rollo y cerrando las maletas, si igual estaré menos del mes cerrando algunos negocios y, de vuelta en mi casa… para ese entonces espero se le pase la locura a mi padre de encontrar un alma gemela. — Bien, pero creo que ya estas lo suficientemente grande como para tomar tus propias decisiones, Jess. ¿me llamaras estando allá? Sonrío porque en bastante tiempo no he tenido a nadie más ajeno a papá que me pida tal cosa. — Claro que te llamaré, estoy agradecida de haber coincidido contigo, en serio no he tenido amigas desde que paso lo que paso… Un sentimiento de nostalgia me golpea al ver lo único que conservo de esa boda fallida… el tocado del cabello y la pulsera azul que mi padre me entrego. — No puedes seguir preocupándote por lo que no se puede cambiar, Jessica. Solamente trata de olvidar, disfruta ese viaje y acuéstate con cientos de turcos, he escuchado que tienen una herramienta muy buena… Me ruborizo ante tal dato que no necesitaba escuchar, y es que, aun sigo siendo esa mujer casta que no se animo a entregarle su virginidad al casanova y pervertido de su ex. Carraspeo y abanico mi rostro con las manos en señal de que esto me ha puesto a sudar de incomodidad. — Meili, no hables de eso… puedo verme como una chica de vida recorrida, pero lo cierto es que ni siquiera me gusta verme desnuda mientras me ducho. — ¿Estás diciendo que practicas alguna religión o algo así que no te permite tener sexo? — Nada de eso, ni siquiera asisto a una iglesia. Soy virgen. No he tenido sexo y tampoco me apetece. La morena sonríe y suelta la carcajada contenida en sus adentros, haciendo a que de mal humor termine de meter mis enceres de limpieza y mis últimos zapatos, acomodando en el otro maletín mi computador, los papeles urgentes que llevo para cerrar negocios y mi dinero. — Pensé que ya tenias media ciudad recorrida con esas curvas que matan Jessica. ¿hasta cuándo me dirías que aún no conoces de las buenas cosas? — Creo que eso no es un asunto para tratar a la ligera… pero dejemos de lado eso… papá me dijo que ya tengo todo listo, es solo de que me instale… ¿crees que se le ira la idea de la cabeza? — No lo creo Jessica, hasta que no te vea feliz y con la cara de ninfómana, no te dejara en paz. — ¡MEILI, POR FAVOR COMPORTATE! —le pido, mientras ella se calma. Respiro profundo y la llamada es interrumpida por los toquidos en la puerta. — Señorita Jessica, tengo ordenes de su padre para llevarla al aeropuerto… ¿No prefiere usar el jet? —indaga. — Gracias, querido Giorgio, pero no desaprovechare en perderme algún escandalo en clase comercial, turista o primera clase… ¿debemos irnos tan pronto? — pregunto con un poco de nostalgia. — Si señorita, ¿puedo llevarme sus maletas? — Claro, muchas gracias, Giorgio— abro la puerta y le dejo entrar al dormitorio, mientras toma mis dos maletas y se queda extrañado. — ¿No llevara más ropa? — No Giorgio, espero regresar pronto. Él solamente se rie, tomando mis maletas y caminando, dejándome atrás y sola con Meili aun en el teléfono. Ver las paredes de la habitación que me ha visto sentirme culpable y sola, hacen a que agarre más confianza en el viaje y que aproveche la oportunidad de salir de aquí del país… esto me ayudara a sanar, a cobrar la confianza en mí y… — Bien Jessica, en cuanto estés del otro lado del mundo, no te olvides de llamarme, surgió otro tema en la estación, ¿estarás bien sola? — Lo he estado durante mucho tiempo Meili, prometo llamarte en cuanto mis pies tienten suelo turco… cuida a mi papá por favor, dale rondas a su oficina, olvida tomarse las vitaminas que el médico receto. — No te prometo acosarlo, pero mandare siempre una unidad para que se encargue de apoyarlo… me agradas, y ya te extraño. Me rio y limpio una de las lagrimas que salen de mi ojo derecho, agradezco y cuelgo la llamada, caminando directamente hasta el auto, lista para que Giorgio le lleve a abordar el avión que me llevara a mi destino. (***) Han pasado cuarenta y cinco minutos desde que salí de casa y aun el vuelo no sale, mis pies están hinchados de estar colgando en la silla que adorna el aeropuerto, mientras Giorgio me custodia con tal de que no salga huyendo de aquí antes de tiempo. — ¿Mi padre te comento algo acerca del sitio al que me envía ahora? — No señorita Jessica, pero espero pueda sentirse mejor en otro país, con otra cultura y empezar de cero. — Bien, te creo… ¿Cuidaras la casa de la tía Florence? — Con mi vida, señorita. Abrazo a Giorgio, le dejo algunos papeles para que se los entregue a papá que no vino a despedirse, en parte es mejor porque sé que, con lo sentimentales que somos, no lograríamos despegarnos el uno del otro sin llorar como magdalenas. — Los pasajeros con destino a Estambul, Turquía, por favor presentarse a su puerta de embarque, estaremos listos para dejarlos abordar. Los vellos de la piel se me erizan, sintiéndome nerviosa, no como antes que me encantaba viajar. Le he temido al mundo, esa es una realidad, pero hoy aquí, se queda la vieja Jessica. — Buen viaje, señorita Jessica… sea feliz, por favor. — Gracias Giorgio, cuida a papá, solamente serán unas semanas… — Digo de nuevo… sea feliz. Olvídese de todo, por favor. Sonrío y me alejo de él, caminando ya en dirección para abordar ya mi avión. Rápidamente me checan el boleto, dándome la bienvenida a primera clase, mientras todos abordan, el cuchicheo es simpático, hasta que llego a donde me toca y veo a una señora con su cachorro… ¡En mi asiento! — Eahm… ¿podría quitar a su bola de pelos de mi asiento? —indico, haciendo a que la señora me vea con ojos asesinos. Ella me ignora, hasta que la azafata se acerca, gracias al cielo llegando a tiempo para solucionar este incidente. — ¿Qué es lo que pasa, señoras? — Ella tiene a su… —me quedo pensando en como llamarle a su mascota—, perro en mi asiento… así que… — Has sido una insolente al referirte a Gherty de esa forma, discúlpate con Gherty— indica la señora, con una actitud pésima. — No pienso pedirle disculpas a esa sucia y piojosa bola de pelos, así que… ¿o lo mueve, o lo mueve? —poniendo mis brazos en posición de jarra para parecer más temerosa. — ¡Niña insolente! —grita la señora, levantando a su perro feo y jalándome el cabello con fuerza. — ¡Ahhh! —grito, con dolor de cabeza y pidiéndole que me suelte. — ¡Por favor, señora, suéltela! —dice la azafata, pero no hay modo en que la señora me suelte. Los pasajeros solamente observan, hasta que una chica hermosa me pide que me disculpe de la mejor manera con la mascota de la mujer, y cedo, no por la señora, sino porque no me queda de otra. — Bien, me disculpo… ¿Me perdonas Gherty? ¡Di que sí! —le digo, saltando mis ojos como si se me fueran a salir, hasta que veo que el perro tiene bozal. — Es una mascota de apoyo, es solamente que no tendría que estar sobre tu asiento, pero te cambiaremos a otro, ¿cierto, señorita… Phoebe? — dicta mordaz la chica. — Así es, disculpe por los inconvenientes, acompáñenme por favor. Sigo a la chica y a la azafata hasta llegar al primer asiento de turista, en donde no hay nadie y me siento cómoda. — Tráiganle lo que ella pida, mi abuela suele ser un poco agresiva cuando se trata de Gherty, es de la única que no se ha olvidado, así que… soy Rania Tilmen… — No te preocupes, me porte sin modales con la pequeña Gherty… — Nooo, esa bola de pelos es insufrible, Perdónala. Ambas reímos y nos sentamos, me peino y empezamos a hablar con Rania hasta que el avión comienza a despegarse por fin de suelo americano. Veo la ventana y es como si el peso que llevara en mis hombros se fuera de un tirón… (***) Luego de nueve horas y treinta y dos minutos, me encuentro cansada de estar en el avión, incluso ahora que todos bajan por orden, mientras me congelo porque aquí es demasiado frío… ¿Por qué hasta aquí me persigue la desgracia? — ¿Entonces si tienes en donde quedarte? — indaga Rania. — Sí, no te preocupes. ¿podemos intercambiar números? Me caería bien una amiga por estos lares. — Claro, ten mi tarjeta, llámame cuando lo necesites. Nos despedimos, ella toma la mano de su abuela y a Gherty, bajando primero del avión, quedándome de ultimo y contemplando el panorama. El lugar es bello, es de ensueño… pero muy frio y húmedo, y yo solamente traje vestidos y algunos conjuntos de jeans. En cuanto bajo del avión por fin, voy directo a buscar mi equipaje, y definitivamente no hay nadie quien me espere… — Bien, he pasado tiempo sola, ahora toca subsistir… vamos Estambul, acóplate a mí y no al revés— digo. De inmediato toco el piso con el trasero, un empujón fuerte fue lo que me hizo llegar hasta aquí, este sucio y frio suelo. — P… perdón, no le vi, disculpe. — Claro que no me viste, tonto. — Por favor, cálmese… fue un accidente, le ayudo para que pueda levantarse. Voy a tomarle la mano pero, al ver con exactitud su atuendo, sus manos sucias con aceite de auto y su barba descuidada, hacen a que retroceda… — No gracias, mírate… estas todo sucio. — Estoy en mi hora de trabajo, señorita. Discúlpeme… —dice, apuntando su dedo grasiento hacía mí… Me levanto poco a poco con indignación, lo veo y su sola presencia me estresa. — ¿Cómo sabes hablar inglés? — Estudié mucho y mi esposa habla… —no lo dejo terminar, no me interesa. — Estas perdonado, ahora quítate de mi camino, voy tarde hacia mi hospedaje. Él está por hablar, pero lo dejo con la palabra en la boca. No me importa ser arrogante o malcriada, vine aquí a trabajar y a olvidarme de mi pasado, no a realizar obras de caridad. Voy directo a tomar mi equipaje, hasta que una voz masculina me interrumpe. — Bienvenida a Estambul… soy Mehmet, y yo me encargaré de darle las instrucciones que su padre necesita que se cumplan. Las palabras que salen de su boca hacen a que mi corazón tamborilee porque presiento qué a papá, se le volaron los tapones.
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