El impacto no fue duro, pero la posición en la que quedaron fue sugestiva y electrizante a la vez. Heinz, apoyado con su diestra para no aplastarla y con la zurda debajo de la cabeza de ella, para que no se diera un mal golpe. Así, se encontró cara a cara con Ha-na. Sus cuerpos estaban medio agitados por ejercicio y por su descanso. El sudor en sus pieles brillaba bajo la luz suave del gimnasio. Sus ojos se encontraron, pero esta vez no fue una mirada fugaz, ni una simple coincidencia. Era una mirada que llevaba semanas acumulándose, cargada de una intensidad que ninguno de los dos había querido enfrentar hasta ahora. Heinz sintió una ráfaga de calor atravesar alma. La pupila oscura ensanchada en ese iris marrón de Ha-na lo miraban con una mezcla de sorpresa y otra cosa más. Algo que no p

