—Sígueme, te mostraré el contrato —dijo él con convicción y neutralidad. Heinz la agarró por la mano y la guio por el penthouse. La llevó al despacho. Buscó en su escritorio persona en uno de los cajones y le entregó el documento. Ella empezó a leerlo y hacía gestos al descubrir las cláusulas que estaban allí redactadas. —La parte A denominada con Heinz Dietrich que, al ser menor, contará con un representante legal, hasta cumplir la mayoría de edad. La parte B llamada Harada Ha-na. Con número de identificación personal… Establecen este mutuo acuerdo de sus voluntades en plenitud de sus facultades mentales, sin ser coaccionados por ningún motivo a cumplir las siguientes pautas —dijo ella, leyendo solo la introducción del documento. Luego saltó varias cosas más y pasó a lo impórtate—. Cláu

