Shanon La llevé a mi habitación. Mariana observó todo con atención, como si aquel espacio fuera un mundo nuevo. Me recordó a la primera vez que la llevé a la habitación del hotel: la misma curiosidad, la misma mezcla de asombro y cautela. —No te preocupes —continue —. Aquí hay todo lo que necesitas para quedarte. Intentó negarse, pero fingí ofenderme, y al final bajó la guardia con una pequeña sonrisa. Aún me llamaba “señor”. —Solo dime Shanon —. No hace falta que digas señor. —le pedí, mientras me cruzo de brazos y sonrió. Lo hizo. Y el rubor que apareció en su rostro fue suficiente para robarme el aliento. Por mi diosa… era tan preciosa, tan genuina. Le mostré el baño y la dejé sola. Antes había ordenado que prepararan ropa para ella: un vestido rosado, zapatos cómodos, ropa int

