Boris contemplaba desde el balcón de la casa de Wendy la residencia en la cual estaban, por ende, sabía que lo que le rodeaba no tenía nada que ver con su realidad, por triste que sonara. Él se sentía atrapado de alguna manera en esa jaula de oro, como si todo lo que pudiera ver, en realidad no lo pudiera tocar, no fuera de su persona, y eso le generaba mucha angustia. Tener la certeza de que las cosas no las tenía o no podía permitírselas era simplemente inaceptable. Suspiró sabiendo que aunque trabajara, todo se haría mucho más cuesta arriba cada vez. Intentó por una vez calmarse, ya que de nada le serviría estar de un lado para el otro en su mente si no llegaba a una solución tangible. Observó las casas, las cuales lucían todas iguales, solo con pequeñas diferencias. A su vista, en

