Christopher.
Pongo mi mano en su cintura.
Siento una descarga que recorre todo mi brazo y sube hasta mi cara. Espero no parecer un idiota con una cara tan sonrojada. La música es melódica, es lenta, pero no es triste, se nota la alegría en cada nota musical, justo como me siento ahora.
No puedo dejar de ver a Kira y ella hace lo mismo. Sus ojos son increíbles, siento que la conozco tan solo de ver su mirada. Y es que ella es hermosa. No tiene nada que ver con lo espectacular que se ve el día de hoy, sé que si la viera un día recién levantada sería la mejor visión de todas. Sus ojos azul pálido, su cabellera rubia y su hermosa sonrisa hacen complemento con sus suaves curvas y la ternura de su piel.
—Yo no hice mi última pregunta —le recuerdo. Esto parece un sueño, nunca me han gustado los cuentos de hadas, pero este sería el momento en el que los dos estamos hechizados por el otro—. ¿Volverías a caminar conmigo?
No me responde de inmediato, no sonríe ni parpadea. Creo que se esfuerza por mantenerse despierta porque, aunque no lo quiera, el hechizo también está haciendo efecto en ella.
Kira no es como las demás, no se deja intimidar y estando con ella puedo ser yo mismo. Tal vez no la conozca, pero quiero llegar a hacerlo. Me gusta la forma en la que me ve cuando cree que no la veo, como sorprendida y fascinada, me gusta que no se deja y que se divierte conmigo, aunque no quiera. Es una guerrera. No la conozco, pero tengo el presentimiento que corro el riesgo que enamorarme de ella.
—Sí —responde con un susurro. Casi un último aliento.
Sigo moviendo a Kira al ritmo de la música, ésta empieza a aumentar su ritmo y yo con ella. Tomo ambas manos de Kira y la impulso hacia atrás, ella entiende lo que quiero hacer y regresa a mí, esta vez sus brazos terminan cruzados en su cintura y ella de espaldas a mí, pegada a mi cuerpo. Regresamos a mirarnos de frente y le suelto una mano, queda a mi lado izquierdo con nuestras manos extendidas y la jalo hacia mí para enrollarla con mi brazo.
—Bailas pésimo —la molesto susurrándole al oído. Y le aviso: — Tu turno.
La desenrollo, pero esta vez la suelto por completo y ella sigue girando. Cuando para alza su ceja y la reto con las manos para que continúe, para provocarla empiezo a mover los hombros y seducirla así, ella suelta la risa más hermosa que he oído en toda mi vida y también la más sincera de esta noche. Se ve radiante y su sonrisa sólo lo hace más notable. Empieza a mover las caderas y se va acercando a mí, pasa sus manos por mis hombros, sin tocarlos, y después agarra mis manos, tomo la iniciativa y la envuelvo en mis brazos, la inclino al piso y yo con ella, nuestras caras quedan a distancia mientras los dos seguimos sonriendo.
Continuamos siguiendo el ritmo y nos deslizamos por la pista. Nuestros pasos son cada vez más lentos. Nuestros cuerpos están cada vez más juntos. Nuestros rostros están a centímetros. Mis ganas de besarla cada vez son más intensas.
Envuelve mi cuello con sus brazos y yo hago lo mismo con su cintura, los pasos que damos son muy cortos. Y mis ojos no pueden despegarse de los suyos. Soy vagamente consciente de que hay personas a nuestro alrededor mirándonos, pero no me importa. Bajo la mirada a sus rosados labios y ella los separa, acerco mi cara sólo un poco y Kira no se aparta, para mí esa es una señal gloriosa y acerco aún más nuestros rostros.
Nuestros labios están a centímetros de tocarse, ella no se aparta y yo me acerco aún más. Justo cuando nuestros labios apenas se rozan la música termina y una ola de aplausos entra.
Kira se aleja bruscamente y mira su alrededor. Abre la boca y se ruboriza por completo. El hechizo ha terminado y volvemos a ser los mismos.
—Con permiso.
Es lo único que me dice cuando se aleja casi corriendo hacia donde está el chico del cabello castaño, su... ¿mejor amigo? Me siento extraño y decido no seguirla.
Tomo una respiración profunda para seguir con la farsa de hijo perfecto, joven perfecto, hombre perfecto y... futuro líder perfecto.