En estos últimos días, Esther se ha estado comportando raro. A veces siento que es muy afectuosa y cariñosa conmigo, otras veces es cortante y se aleja de mí, es fría y otras veces cálida. Le he preguntado si algo le afecta o si algo le sucede, pero no me dice nada.
Hoy está más distraída de lo común, casi le ponen falta por no responder.
Al salir a recreo. La tomó del brazo.
— Esther, ¿puedo hablar contigo?
Preguntó casi en un susurro.
— ¿Conmigo?
Pregunta con algo de duda.
— Sí, contigo.
— Está bien.
Nos fuimos a un lugar tranquilo y silencioso. En donde nadie nos pudiera interrumpir. Los dos nos miramos por un largo rato hasta que decido romper el silencio.
— Esther, ¿Te sucede algo? Sabes que puedes contar conmigo
Dije tratando de sonar tranquilo.
— No me sucede nada, estoy bien, solo que... Balbuceo mirando a los lados y luego dejando su mirada fija al suelo.
— Sí.
— Que no se que me pasa, siento que no soy necesaria ni útil para nadie, a veces me pregunto que pasaría sino existiera
Dijo mientras poco a poco se rompía en lágrimas.
Esta ocasión era de las pocas veces que veía a Esther de esta manera, por lo general, siempre se mantenía alegre, con una buena vibra. Era raro verla llorar. Ahora, me estaba abriendo su corazón, mostrándome una nueva faceta de ella, desconocida para mí y para todos.
— No digas eso, tú eres valiosa — la animó, mientras la tomó de los hombros. — recuerda que, tú eres muy importante, para mí, tú lo eres — dije para luego abrazarla.
A lo que recibí de respuesta fue que llorará con más intensidad y como se aferraba a mi abrazo con más fuerza.
— Gracias Jess, sabés que tú también eres muy importante y especial para mí.
Dijo entre lágrimas, ocultando su rostro en mi playera.
Seguimos así un buen tiempo, hasta que se tranquilizó por completo.
— Sabés que puedes confiar en mí, y si tienes un problema ahí estaré para ti.
Le indiqué acariciando su cabello, mirándola a los ojos.
— Gracias Jess, sabés que también cuentas conmigo. Respondió sonriente.
— Bueno, vamos a clases.
...
En la salida, nos fuimos los tres de costumbre, aunque nuestro amigo Ángel andaba un poco distante e iba sonriente.
— ¡Ay que bonito! Mi amigo está enamorado.
Exclamó Esther suspirando y riendo.
—¿Es verdad, amigo?
Pregunté sorprendido.
Era bueno que al fin encontrará a una chica que alegrará sus días. Desde que lo conozco no ha tenido ninguna novia. Me gustaría que sea feliz con una buena chica que lo acepte tal y como es, que vea la maravillosa persona que es mi amigo.
— Claro que no.
Contestó avergonzado.
— A mí no me engañas.
Dijo Esther dándole un codazo en el brazo.
— Auch, para ser mujer duelen tus golpes.
Se quejó Ángel mientras se sobaba.
Solo me límite a reír. Pero es cierto, los golpes de Esther son tan... Dolorosos. Y sí, ya los he probado. Siempre que hago enfadar a Esther.
— Ya di nos la verdad.
Exigió Esther curiosa.
— Bueno, es cierto, me gusta una chica, pero ella es de segundo y nosotros ya vamos de salida.
Afirmó un poco triste.
— Eso que importa, si te gusta lucha por ella.
Lo animó Esther.
— Sí amigo, ella tiene razón, además nos tienes a nosotros, te podemos ayudar si gustas.
Dije también animándolo.
— Pero, si ella no me quiere.
Se angustio. Su ánimo parecía como si tuviera una pequeña nube negra sobre su cabeza.
— Oh, no digas eso, ella te querrá, y si no lo hace estaría perdiendo a alguien tan valioso como tú.
Respondió Esther seria.
— Sí amigo, vamos.
Lo animé contento una vez más.
— Gracias chicos, por eso los quiero.
Contestó abrazándonos.
...
Al llegar a mi casa, estaba solo como siempre, me recosté en mi cama, tiempo después mi gata se fue a acostar cerca de mí, la estaba acariciando cuando de repente, suena mi teléfono y vi que llamaba Esther.
~~~~~~~Llamada~~~~~~~~~~~~~~~~~~
— Bueno — respondí.
— Hola- hubo silencio- ábreme, estoy afuera — dijo riendo.
—¿Qué? — pregunté sorprendido.
— Tú solo ábreme — ordenó riendo aún.
— Está bien.
~~~~~~ Fin de llamada ~~~~~~~~~~~~~
Abrí la puerta, allí estaba ella, sonriente y con unas bolsas.
—¡Sorpresa!
Exclamó feliz alzando sus brazos con todo y las bolsas.
— ¡Vaya, pero que sorpresa!
Respondí sorprendido y aguantandome las ganas de reír.
— ¿Me vas a dejar pasar o voy a estar todo el tiempo afuera?
Preguntó divertida.
— Oh no, claro, pasa.
Contesté cediendole paso.
— He venido a prepararte algo de comer, como buen amiga que soy.
Regordeo feliz.
«Wow, Esther haciendo de comer. Eso lo tengo que ver. Nunca la había imaginado de esa manera»
— Oh, justo lo que iba hacer apenas.
Respondí riendo.
— Me lo imaginaba.
Contestó contenta.
Por eso es mi amiga, ella me conoce muy bien. Eso me alegra.
— ¿Sí? Pues que bien me conoces amiga.
Me mofé divertido.
— Sí, y hoy serás mi pinche.
Anunció ruiseña dándome una pequeña palmada en el hombro.
— Tú ,¿Qué?
Repliqué sorprendido.
— Mi pinche, mi ayudante de cocina.
Respondió riendo aún más.
— Oh, esta bien.
Contesté feliz y aliviado.
Así que la haré del pinche, ya me siento el pelirrojo que le ayuda a ratatouille.
...
Estábamos preparando la comida, Esther me dio una cebolla para que la pícara, sabía a lo que se refería pero me quería hacer el gracioso, así que fui por una aguja y la comencé a picar.
— ¿Qué haces?
Preguntó confundida.
— Picando la cebolla, como me dijiste.
Respondí serio o al menos eso creo.
Me miró con una cara muy seria, quedamos en silencio, hasta que comenzó a reír.
— ¡Ay Jess!, ¿estás loco?
Comentó riendo.
— Je, je, sí.
Respondí divertido
— A ver, dame esa cebolla.
Indicó aún riendo.
Se la pasé, y la comenzó a partir en trocitos. Al poco tiempo, ella empezó a llorar.
— ¿Por qué lloras? Él no te merece.
Me mofe.
— Oye — rechisto un poco enojada — No estoy llorando por nadie, solo que la cebolla me hizo llorar.
— Lo sé.
Dije riendo aún más.
— Tonto, te burlas de mí, todavía que te estoy cocinando.
Me reprochó haciendo un puchero.
— Ya, cálmate.
Le indiqué riendo.
...
Al terminar, comimos, debo de admitir que mi amiga si sabe cocinar. Me parece muy increíble de su parte.
— Te quedó sabroso, gracias por la comida, no sé qué hubiera comido sin ti.
Le comenté contento.
— Gracias y de nada. Para mí fue un honor cocinarle a mi gran amigo que me ha ayudado tanto.
Respondió contenta.
Recogimos y juntos lavamos los trastes que habíamos ensuciado.
— Bueno, nos vemos mañana.
Se despidió contenta.
— Sí, y una vez más, gracias.
Agradecí contento.
Se fue. Después, de un rato, llegaron mis padres. Atraídos por el olor se dirigieron a la cocina.
— ¡Vaya, pero que agradable aroma!
Comentó mi padre.
— Hijo, ¿tú lo cocinaste?
Preguntó mi madre asombrada.
— No, fue mi amiga Esther.
Le contesté feliz.
Comieron la comida, antes de dormir, mi madre fue a mi cuarto.
—Dale las gracias a tu amiga- respondió contenta - Por cierto, dile que está aprobada para ser mi nuera — se mofó al salir de mi habitación.
Mi madre y sus ocurrencias, Esther y yo solo somos amigos y nada más. Yo solo la puedo ver de esa manera, no de otra. Ella es muy linda, pero la respeto como amiga.
~°~°~°~
Bonus
— Jess, Jess. Los trastes nos llaman, pero me quiere dar el mal del puerco, ¿no quieres lavarlos mientras yo me quedo mimida?
Respondió Esther estirandose sobre la mesa.
La miré detenidamente, queriéndole decir que no me dejara con esta carga, pero el hecho de que hubiera venido a cocinarme me lo impedía.
— Está bien, Esther. Si gustas, puedes subir a dormir a mi cuarto o donde gustes.
En cuanto escuchó mi respuesta esbozo una hermosa sonrisa, tan bella que aceleró mi corazón, incluso olvidé como respirar.
«No, no puedo enamorarme de mi mejor amiga. Hacerlo puede causar que nos distanciemos y perdamos la bonita amistad que tenemos»
— ¡Qué lindo eres! Eh... Digo, es lindo de tu parte que me dejes descansar... Ah, que estoy diciendo.
Dijo sonrojada, susurrando lo último.
«Esa reacción me parecía linda»
— Bueno, voy a lavar.
Respondí sonrojado, a duras penas apartando mi vista de ella.
Esther se limitó a sonreír. Con una pequeña sonrisa me encamine a lavar. No paso mucho tiempo hasta que, llegó abrazandome por la espalda.
— Gracias por ser mi amigo. ¿Te ayudo?
— De nada, Esther. Igualmente, gracias por tu agradable amistad. Si quieres puedes ayudarme a secar los platos.
— Con gusto.