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La montaña bramó, los cuervos huyeron aleteando entre los copos de nieve que caían en los árboles y el consejo se alzó con gritos de indignación ante tal aberración. Pecados mortales susurraron el nombre del mal que acababa de nacer. Anavi. Primer caso de conversión Revolies, primer humano en cruzar el umbral entre la vida y la muerte para hacerse nombre frente a las criaturas malditas que poblaban Trensville, amos de quienes habitaban la ciudad. Hera ordenó la captura de ambos culpables, quiénes serían desterrados hasta el fin de los tiempos. Nox la respaldó y ofreció su habilidad para terminar con aquella situación lo antes posible escondiendo su verdadera intención. Jacob apoyó la idea superficial, Éter bajó la cara frente a su hermano que atravesaba el campo minado de asesinos como el líder nato que era. «Era un hijo de puta listo» pensó. —Nos vamos. Y lo siguió. —¿Qué tienes en mente? —preguntó, imaginando las diferentes torturas que seguramente le vería cometer. —Voy a hacer que se enamore de mí. Éter volteó a verlo. —¿Qué? Nox esperó a estar lo suficientemente lejos de cualquier oído ajeno para contarle su plan perfecto que incluía traición a Hera y su propio fortalecimiento al sujeto que compartía lazos sanguíneos con él. Quién jamás lo traicionaría. —Estás demente. —Era una locura para él lo que su hermano planeaba hacer. Nox rió, le parecía patético que Éter fuese tan juicioso y benevolente teniendo en cuenta que era naturalmente un asesino. Estaba cansado de lidiar con sus comentarios preventivos y temerosos. Lo veía como una desgracia para la especie, le habría gustado compartir similitudes macabras con él. —No juegues con fuego, lo que quieres hacer también te condenaría a ti. —siguió el Revolies amable. El demonio negó con la cabeza, hastiado de su hermano pero seguro de sí mismo. —No me da miedo arder, nací para avivar las llamas del infierno.
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