Cuando estaba por acostarse recibió un mensaje de Amanda donde decía que estaba en una de las habitaciones de la planta donde él dormía. Eso, en vez de emocionarlo, lo asustó, así que fue a detener a esa mujer, pero cuando abrió la puerta y descubrió que ella estaba semidesnuda sentada en una cama llena de pétalos de rosas, tenía velas aromáticas y una botella de champán, no pudo resistir más, así que se acercó como león acechando a su presa mientras lamía sus labios y la devoraba con la mirada. —¿Sabes lo que le hago a las mujeres insolentes? —¿Qué les haces, Alec? —Comérmelas. —Mmm —gimió. —¿Te atreves a gemir cuando aún no te he tocado? Sus palabras hicieron que Amanda se mojara, así que volvió a gemir. —Mmm. Eso hizo que Alec acelerara sus pasos y se posara ante ella, pero no l

