El dinero

1002 Words
Alec negó con la cabeza porque ya no había nada que hacer. Su amigo Rafael entendió que necesitaba espacio para meditar sobre lo que haría de ahora en adelante, así que se levantó, tocó su hombro a modo de despedida y se fue. El silencio que quedó en la mansión fue peor que las noches anteriores. Alec se dejó caer nuevamente sobre el sofá y cerró los ojos durante unos segundos, pero fue inútil. Esa noche no pudo dormir. Le dio vueltas a los sucesos del día una y otra vez, tratando de encontrar una pista sobre la persona que lo estaba sobornando, pero no consiguió nada. ¿Quién era? ¿Cómo había conseguido grabarlo? ¿Por qué parecía saber exactamente dónde atacar? Las preguntas no dejaban de aparecer en su cabeza. Tomó varios tragos de whisky intentando relajarse, pero ni siquiera el alcohol logró disminuir la presión que sentía en el pecho. Cada vez que recordaba las palabras de su abuelo, el estómago se le contraía. Si esos videos llegaban a manos equivocadas, todo lo que los Pirelli habían construido durante generaciones podría quedar manchado y él sería el responsable. El amanecer lo recibió sentado en el mismo sofá de la noche anterior, tenía el cuello rígido y la espalda adolorida por haber permanecido tantas horas en la misma posición, se pasó una mano por el rostro y soltó un suspiro pesado. No tenía otra opción, debía pagar. Subió a su habitación porque tenía que colocarse presentable para ir al banco. Eligió un traje completamente n***o acorde con su estado de ánimo y unas gafas oscuras para ocultar las evidentes señales del desvelo. Mientras se ajustaba la corbata frente al espejo, observó su reflejo. Parecía un hombre derrotado y eso no le gusto. Así que apretó la mandíbula de inmediato. Todavía no estaba derrotado. Aquello terminaría en cuanto entregara el dinero o eso esperaba, también tomó un bolso para colocar el efectivo. Cuando bajó las escaleras encontró a Rafael esperándolo en la sala y por primera vez en toda la mañana sintió un pequeño alivio. —No pensé verte aquí. —Eres mi amigo y nunca te dejaría solo. Alec asintió lentamente. —¿Estás listo para esto? Alec soltó una risa amarga. —No, pero es eso o destruir a mi familia. Rafael guardó silencio porque sabía que era verdad. Minutos después ambos subieron al vehículo, el chofer se colocó en marcha mientras los dos amigos viajaban perdidos en sus pensamientos. Alec iba arrepentido de todos los errores que había cometido, que lo había llevado exactamente hasta ese momento y por primera vez en muchos años sintió vergüenza de sí mismo. Rafael, por su parte, se sentía impotente porque había ayudado a Alec a salir de muchos problemas, pero esta vez era diferente. No había contratos, jueces que convencer o dinero suficiente para borrar lo ocurrido. Cuando llegaron al banco pasaron directamente con el gerente, para sacar el efectivo. Alec observó cómo guardaban el efectivo dentro del bolso. Un millón de dólares, una cifra que podía conseguir sin dificultades, sin embargo, aquella mañana sentía que era el dinero peor gastado de toda su vida. Su expresión permaneció seria durante todo el proceso aunque dentro estaba lleno de rabia. Subieron nuevamente al vehículo para dirigirse a la dirección que les habían enviado, durante el trayecto Alec no dejó de mirar por la ventana. Al llegar, pasaron el dinero a una bolsa negra, Alec tomó aire profundamente antes de abrir la puerta. Su cuerpo estaba tenso, su corazón golpeaba con fuerza contra su pecho. No era para menos hoy estaba firmando un trato con alguien desconocido. Bajó del vehículo y caminó hasta el bote de basura indicado, nunca en su vida había imaginado verse obligado a hacer algo así. Miró la bolsa una última vez y la dejó dentro. Volteó a ambos lados buscando a alguien sospechoso, los edificios, vehículos estacionados, pero la calle estaba completamente vacía. Aquello sólo aumentó su frustración así que cruzó la calle y volvió al auto. El vehículo arrancó de inmediato para esconderse en otra cuadra desde donde pensaban vigilar discretamente y entonces comenzó la espera. Los minutos parecían eternos, Alec observaba constantemente el reloj, luego miraba hacia la calle. Después volvía a revisar el teléfono y repetía el mismo proceso una y otra vez. Media hora pasó, después una hora y nada sucedió. La tensión comenzó a consumirlo, de pronto apareció el camión de la basura. Alec se enderezó inmediatamente en su asiento. —Maldición... El enorme vehículo avanzó lentamente hasta quedar justo frente al bote y les bloqueó toda la visión. —No puede ser... Alec apretó los puños con fuerza, quiso bajar inmediatamente para comprobar que el dinero seguía allí. Necesitaba recuperar el control de la situación, pero Rafael lo detuvo sujetándolo por el brazo. —No. —Suéltame. —Alec, no seas idiota. —Tengo que verificar que el dinero siga ahí. —Y si te están observando, publicarían las fotos de inmediato. Las palabras de Rafael lo hicieron detenerse, Alec cerró los ojos durante unos segundos. Sabía que tenía razón y eso solo lo enfurecía más. Respiró profundo varias veces tratando de recuperar la calma, pero no funcionó. La impotencia era demasiado grande. Golpeó el asiento delantero para ahogar toda la ira... que llevaba acumulando desde la noche anterior. Luego apoyó la cabeza contra el respaldo y cerró los ojos unos segundos. No sabía quién lo estaba chantajeando y tampoco sabía si aquello terminaría realmente después del pago, eso era lo que más miedo le daba. Porque si esa persona volvía a pedir dinero, tendría que enfrentarse a una decisión mucho más complicada. Cuando abrió los ojos nuevamente, su expresión era fría. —Vamos a la empresa. El chofer asintió de inmediato y puso el vehículo en marcha y mientras se alejaban del lugar, Alec observó por última vez la calle a través de la ventana y por primera vez desde que comenzó aquella pesadilla sintió algo que rara vez experimentaba. Incertidumbre.
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