El video

982 Words
La lluvia golpeaba los ventanales de la mansión Pirelli mientras Alec revisaba unos documentos en su oficina en Italia. Tenía el ceño fruncido y una copa de whisky descansando a un lado de su escritorio. Eran casi las once de la noche y lo único que quería era terminar aquellos contratos para irse a dormir. Esa mañana, cuando se levantó, sus planes eran terminar todo lo que tenía atrasado, pero algo de último momento lo distrajo y ahora se encontraba pagando las consecuencias. Aunque, siendo sincero, cada vez que lo recordaba sentía que había valido completamente la pena. Su teléfono vibró sobre la mesa. Número desconocido. Alec ignoró el mensaje al principio, pero volvió a sonar segundos después. Molesto, tomó el celular y abrió la conversación. El archivo adjunto tardó unos segundos en cargar. Y cuando lo hizo, sintió que el mundo se le venía abajo y sus ojos verdes se endurecieron al ver el video. Amanda. La esposa de un importante empresario brasileño, desnuda en su cama. Gimiendo su nombre mientras él la tenía debajo de su cuerpo. La mandíbula de Alec se tensó de inmediato. Pausó el video con violencia mientras sentía la furia recorrerle el cuerpo. Pero otro mensaje llegó. “Qué hermosa pareja hacen.” Alec se puso de pie lentamente. Nadie podía tener ese video. Nadie. Su respiración se volvió pesada cuando apareció otro mensaje. “Si yo fuera usted me preocuparía.” Sus ojos recorrieron la pantalla con odio. “¿Qué quieres?” La respuesta llegó segundos después. “Un millón de dólares.” Alec soltó una risa fría. —Maldita basura… Tomó el teléfono y marcó inmediatamente, pero la llamada fue rechazada. Un segundo después llegó otro mensaje. “No intente llamarme. Las cosas serán a mi manera.” Eso solo empeoró su humor. Alec pasó una mano por su cabello oscuro mientras intentaba pensar. Necesitaba descubrir quién estaba detrás de aquello, porque si esos videos salían a la luz, lo perdería todo. Su apellido, su reputación, la confianza de su familia y sobre todo su lugar como heredero. En su familia no toleraban escándalos, mucho menos uno relacionado con la esposa de otro hombre. Su abuelo repetía algo desde que era un niño. El lema de su familia era simple: "Un pirelli nunca pierde el control, porque el honor de la familia no se negocia" y la advertencia que seguía a ese lema era clara... "Antes de dejar que uno de mis descendientes destruya el legado de esta familia, prefiero acabar con todo yo mismo, donar cada centavo a la caridad y morir sabiendo que ningún Pirelli lo arruinó". El celular vibró nuevamente. “Deje el dinero mañana dentro del bote de basura de la empresa Lombardi Cosmetics. A las ocho de la noche.” Alec frunció el ceño. “¿Quién eres?” Pero no recibió respuesta. Las imágenes del video volvieron a su cabeza de inmediato y recordó exactamente cómo había comenzado todo esa mañana. Recibió el mensaje esperado. “Te espero en el lugar de siempre en media hora.” Sonrió porque al fin la vería. Salió de la empresa dejando el trabajo botado. Condujo rápido, imaginando todo lo que le haría a la mujer que lo volvía loco. La recogió al frente del hotel y siguieron al estacionamiento subterráneo, donde pidió la habitación con mucha discreción. Amanda sonreía tranquila, como si no tuviera miedo de nada. Y quizá era porque llevaba años viviendo de esa manera. Estaba acostumbrada a sus viajes de "compras a Italia" y a la adrenalina que acompañaba cada encuentro furtivo. Pero algo dentro de Alec le advirtió que las cosas no estaban bien. Tenía la sensación de que alguien lo observaba. Esa incomodidad le recorrió el cuerpo por varios segundos, pero sacudió esas ideas justo cuando una mano se posó sobre su entrepierna. La observó a los ojos y supo que ella estaba tan deseosa como él. Apenas estacionó, se apoderó de sus labios. No podían aguantar más, se separaron por falta de oxígeno y bajaron del auto. Él la cargó y la llevó hasta la habitación. Apenas cerró la puerta, el deseo se desbordó. La recostó contra la pared y comenzó a besar su cuello mientras sus manos se introducían por debajo de su vestido. Sus labios se deslizaron por su cuello hasta llegar a las finas tiras del vestido y bajarlas para liberar sus grandes pechos, los cuales estaban ansiosos por recibir atención. Se sentó en el sofá y tomó ambos entre sus manos para darles la atención necesaria. —Alec… Escucharla gemir su nombre lo excitaba demasiado. Con manos hábiles se deshizo del vestido y la recostó contra el sofá para seguir besando su cuerpo. Descendió lentamente mientras ella se aferraba a sus hombros completamente desesperada por él. —No sabes cuánto te necesitaba —susurró Amanda con la respiración agitada. Alec levantó la mirada hacia ella y sintió deseo al verla tan entregada. Durante esas pocas horas al mes podía olvidarse de todo: de la presión de su familia, de las empresas y de la responsabilidad de ser el heredero de los Pirelli. Con movimientos desesperados abrió un preservativo, se lo colocó y volvió a besarla con intensidad antes de unir sus cuerpos. —Ahhh… A partir de ese momento ambos se olvidaron de que el mundo existía, porque esas dos horas que tenían al mes las aprovecharían al máximo. La ropa terminó tirada por toda la habitación mientras el tiempo seguía avanzando demasiado rápido. Con cada minuto la ansiedad aumentaba, porque ambos sabían que aquello estaba mal, pero ninguno quería detenerse. Condón tras condón cayó al suelo, hasta que la alarma sonó... y les recordó que el tiempo había acabado y que era hora de volver a su realidad. Sin imaginar que alguien había grabado cada segundo de aquella traición y que en pocas horas lo usaría en su contra...
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD