Capítulo 34. Lección injusta Pamela. De camino a mi casa pude ver cómo todo ese paisaje a mi alrededor me recordaban a Raúl, me encantaba cuando íbamos juntos a casa de mis padres, fueron pocas veces, pero sentía que ellos ya lo estaban aceptando, y eso me llenaba de felicidad. ¿Cómo puede una persona cambiar tanto de repente?, las veces que reímos juntos parecían momentos verdaderos, pero él lo hacía simplemente pensando en mi supuesta complicidad con su padre. —Amiga, ya no estés triste, lo bueno es que al menos no has tenido un hijo suyo, sino tendrías que verlo irremediablemente, estabas tan ilusionada con ser madre. —Mario tiene razón, fui al médico con regularidad, quería que mi cuerpo estuviera perfectamente para concebir. —De todas formas, esa ilusión seguía siendo bonita, él

