—¿Quién soy yo? es una forma interesante de decirlo. ¿Quién eres tú, duquesa? ¿Cuál es tu misión? —No tengo ninguna misión. —Sí, así es. —Hace girar la pistola en su mano, con el dedo índice presionando el gatillo—. Lo sabes. Yo lo sé. Si no lo haces, pagarás el precio. —No sé de qué demonios estás hablando, —mis labios tiemblan cuando las palabras salen de ellos. —Encontrar huecos para hablar contigo es jodidamente tedioso, duquesa. Deja de hacerme perder el tiempo y hazlo. Pronto iré a ver cómo estás. —Sale del auto y, antes de que pueda soltar un suspiro, me abre la puerta de y me saca de un tirón. Me agarro a Yan y ambos caemos al suelo. Afuera está oscuro. Tan oscuro que apenas puedo ver los contornos de la cara de Yan. La sombra se sitúa frente a mí, pero no hay forma de

