Al parecer Guido no vivía muy lejos del lugar, en un pequeño complejo residencial antiguo a dos cuadras de donde habían comido. Mostraba la parte pintoresca de la ciudad, y con mucha fluidez de transeúntes. El edificio tenía tres pisos, el último gozaba de una terraza compartida. Desde arriba se veía la calle más angosta de lo que ya era. A pesar de que para ella eran casi las seis de la tarde, Gia sentía que el día había pasado demasiado lento. —Disculpa un poco el desorden —se excusó Guido al entrar. Le hizo señas para que pasara, y luego prácticamente corrió a recoger las camisetas que tenía sobre el sofá grande de la sala, que parecía haber tenido años mejores pero que aún se veía cómodo. Sin embargo, se quitó su chaqueta, y la colocó en el espaldar. El pequeño apartamento, a pes

