Jamás me sacará de su lista

2368 Words
Empujo una y otra vez contra ella, hasta que siento su cuerpo temblar y sus jugos llenar mi v***a, pero yo aún no termino. La embisto como perro en celo, lo hago con la boca echa agua, casi estrangulándola con el collar en su cuello. Gruño como un maldito adolescente, porque eso es lo que esta loca de mierda, desata en mí. Locura, lujuria, lascivia y poder. Poder mezclado con todo esto, porque poder es lo que ella me otorga cuando está cerca de mí. Y yo soy otro más que le entrega todo el mando cuando la tiene a su lado, porque simplemente ella sabe cómo desarmarme sin siquiera hablar. Basta con que mire sus dos perlas verdes. —¡Oh, mi Dazhbog! —gime totalmente entregada a esta insana pasión. Mi cuerpo entero se estremece al oírla gemir así—. Eres el dios que da luz y calor, te pido que me quemes justo ahora, por favor... ¡La puta madre que la parió! Mi cuerpo entero se prende en llamas al oír esas palabras. Una explosión se desata dentro de mí al oír lo que aquella vez me dijo cuando casi me mata, haciéndose pasar por Malika King. Los recuerdos prenden mi cuerpo entero, la ola de placer me azota con todas las fuerzas existentes y embisto una y otra vez, oyéndola gritar mi nombre como alma en pena. Pero un alma que está pidiendo que le dé más, que la embista más, que la queme, rompa y destroce con mi v***a y, ¡mierda!, estoy seguro de que sus gritos pueden oírse allá afuera. Y eso me hace sonreír como el psicópata de mierda que soy cuando estoy con ella. —Grita mi nombre, Malika —bramo, otro azote en su carne le doy. Tenso un poco más el collar—. Me importa una mierda si no puedes, pero grita mi nombre, Bebé… —¡Pavel! —Sonrío complacido, mis arremetidas continúan con más rapidez—. ¡Maldito seas, Pavel! —Su voz brota, rota, rasposa, pero totalmente erótica—. ¡Ahh! Doy dos empujones más que desatan todo dentro de mí, haciendo que derrame todo mi semen en su interior. Mi cuerpo entero se sacude por los espasmos, mi pecho sube y baja y mi respiración está totalmente acelerada. Suelto el collar, ella jadea un poco más y cuando saco mi v***a de su coño empapado, la sigo marcando con mi semen caliente por todo su espalda. Escucho cómo ella recupera el aire con fuerza y luego se encoge, alejándose un poco, mientras yo me saco el pantalón, porque esto no ha terminado. Esto apenas comienza. Me mira con rabia mientras niega. —La próxima vez que elijas cortarme la maldita respiración, asegúrate de matarme, porque la vas a pagar caro. —Sus palabras no me molestan, me causan todo lo contrario. —Eso fue solo una pequeña venganza por esto. —Señalo la cicatriz del disparo que ella misma me dio en la pierna—. Además, no vas a negar que disfrutas más del maldito orgasmo cuando te empujo al umbral de la inconsciencia. —Llego hasta donde está y la tomo del rostro con fuerza—. No vas a negar que conmigo te corres como no lo hiciste nunca con nadie más. —Abre su boca para decir algo, pero me agacho y la beso con fiereza, dejándole los labios exquisitos un poco enrojecidos—. Este “señor” te hace gritar, te hace querer prenderte de su v***a y beber de su puta leche como nadie lo ha hecho y como nadie más lo hará, porque eres mía. Malika Smirnova o Malika King, las dos lo son, yo soy su Dazhbog —le recuerdo—. Aunque te niegues, sabes que es así. Malika me escupe en la cara y luego se ríe como la desquiciada que es y que me trae de cabeza. —Te va a faltar vida para demostrar tus palabras, para que pueda sentirme de esa forma, para que podamos perdonarte y aún más, para que decidamos confiar en ti y no matarte. Sonrío relamiendo los labios, me excita más que se mencione a ambas y que me deje en claro cuando desean enterrarme bajo tierra. Eso me prende y me descontrola, porque me dejan en claro que siendo buena, siendo mala, Malika está locamente perdida por mí. ¿Cómo lo sé? Porque hasta ahora no ha contradicho todo lo que le he dicho. —Arriba —le ordeno y ella enarca su ceja—. Vamos a la cama, Malika. —¿Piensa ahora hacerme ahora el amor, señor? —La sonrisa burlesca que tiene en sus labios me saca una leve sonrisa a mí—. Me gusta rudo, ¿lo olvidaste ya después de un orgasmo? Sigue la burla, no le hago caso. Yo me levanto con su mirada detallándome y cuando se distrae en mi v***a, me inclino y la levanto en mis brazos. —Ya bájame, Pavel. —Se remueve, le azoto el culo para que aprenda a quedarse quieta—. Vuelve a azotarme así y ve despidiente de esa mano, cabrón… Otro azote con más fuerza le doy. —¡Ahh! —¿Acaso eso fue un jadeo, Bebé? —No responde, sigue luchando como una fiera acorralada y cuando llegamos a la habitación, la tiro sobre la cama, subiéndome sobre ella con la misma rapidez—. ¿Crees que esto ha acabado? Sostengo sus manos sobre su cabeza, le restriego mi v***a. Malika no me responde, ella niega comenzando a mover su cadera. Maldita sea. El movimiento me desarma otra vez, me hace agua la boca por lo empapada que sigue estando. Le sigo el ritmo sin dejar de verla a los ojos, me froto sobre su coño totalmente entregado. —Tienes… —ronronea, suspira la muy descarada—. Tienes razón, Pavel Romanov. Esto aún no ha acabado, mi Dazhbog. Una maniobra certera, rápida, que me deja sin poder reaccionar. Con una flexibilidad que me deja taciturno y de un momento a otro, mi bebe está sobre mí, apretándome el cuello con todas sus fuerzas mientras me entierra sus uñas. —Vas a saber lo que se siente, hijo de puta. Y lo harás mientras gimoteo sobre ti, pero sin tocarme. Me tocas y lo lamentarás. Su amenaza me sabe a miel, a maldita gloria también. Llevo mis manos detrás de mi cabeza y sintiendo sus uñas enterrarse en mi cuello, sintiendo que me está cortando el aliento. Veo, siento a mi Bebé dentro de mí, siento cómo su coño aprieta mi v***a erecta. Veo cómo comienza a montarme mientras que al mismo tiempo intenta asfixiarme. Toda mi sangre se calienta, mis sienes palpitan y debo admitir que tiene fuerza, la muy desgraciada. Pero en vez de causarme pánico, ella despierta en mí todo lo contrario. Sus manos en mi cuello, sus uñas enterrándose en mi piel y su cuerpo rebotando sobre mí, me explota la cabeza, me excita en gran manera y no puedo hacer más que mirarla mientras intento sobrevivir. Me monta como solo ella sabe hacerlo. Gimotea sobre mí con fuerza, con rapidez, con unas malditas ganas de matarme de placer. Y lo hace. Mi Bebé me priva de poder respirar, pero al mismo tiempo me está otorgando lo que más amo, como el maldito desgraciado y retorcido que soy. Placer. Entero placer mórbido es el que ella me está ofreciendo mientras salta en mi v***a, mientras me aprieta, mientras me estrangula y al mismo tiempo gimotea. No puedo más, las manos me pican, la sangre se me sube a la cabeza. Llevo mis manos a su cuello y hago lo mismo que ella. La aprieto con fuerza y con la misma fuerza la embisto, sacándole un jadeo que es opacado por mis besos. Porque la he traído hacia mí para besarla mientras la penetro. Porque quiero comerla entera mientras la ahorco, mientras me entierro en ella. Porque esta maldita psicópata me tiene agarrado de las pelotas y no habrá día que exista que yo no desee esto con ella. Volverla mía, destrozarla con mi v***a. Oírla gemir mi nombre, aceptar sus besos, sus mordidas, sus patadas y sus orgasmos. La quiero completa, la quiero en mi maldita vida y no descansaré ningún día, porque cada uno de ellos le demostraré cuánto conmigo la quiero. Observo detenidamente el tatuaje en la espalda. Estamos recostados en la cama, ella me da la espalda y yo no dejo de mirarlo fijamente. El diseño es impresionante y perturbador a la vez. Un cisne n***o con dos cabezas, cada una mirando en direcciones opuestas. Las plumas del cisne son oscuras y detalladas y están extendidas, como si estuviera a punto de emprender vuelo, pero lo que realmente llama la atención son las manchas de sangre que salpican las plumas. Ahora que lo detallo de cerca, la sangre parece fresca, con un rojo intenso que contrasta violentamente con el n***o de las alas, con el tono de su blanca piel. Las gotas de sangre están distribuidas de manera que parecen haber sido esparcidas por un movimiento brusco, añadiendo una sensación de tragedia al tatuaje. Sin duda, el que lo hizo, es todo un profesional. Debería sentirme celoso porque la tocó, la miró, pero no puedo. Yo estoy embelesado admirando cómo en ella se ve. El detalle en las cabezas del cisne es meticuloso, con ojos que parecen casi vivos, llenos de una mezcla de tristeza y furia. Las líneas del tatuaje son precisas y limpias, mostrando la habilidad del maldito artista. No puedo evitar sentirme fascinado y trastornado al mismo tiempo, mientras mis ojos recorren cada detalle del tatuaje, tratando de descifrar la historia detrás de esa imagen tan poderosa. Pero sé que, si le pregunto, me mandará al carajo sin pensarlo. Ambos estamos agitados y cansados, estiro mi mano para acariciar su piel y apenas las yemas de mis dedos entran en contacto con ella, siento cómo se tensa y se voltea con rapidez. —No me vengas con cursilerías, ya follamos, ya nos comprometimos. Ahora suelta la sopa y explícame lo que tienes en mente para ver si me conviene —habla mientras se sienta, distrayéndome con sus exquisitas tetas al aire. Contengo las ganas de lanzarme sobre ella para chuparlas y ver cómo esos pezones perfectos se endurecen en mi boca, porque es momento de hablar y de tener una conversación que a ambos nos importa. —Solo quiero acariciarte un poco, Bebé. No seas tan dura conmigo —la molesto un poco y la veo girar sus ojos—. Ahora eres mi prometida, debo tratarte como tal. —Por supuesto, pero te recuerdo que dijiste que no sería esposa trofeo y que respetarías mi palabra. ¿O solo lo dijiste para follarme? —Te iba a follar de todas formas, diciéndote eso o no. —Me encojo de hombros, haciéndola girar los ojos. —Cuéntame, ¿qué traes en la cabeza? Dame detalles, no puedes pretender que yo acepte todo solo con la información que me da tu tío. Sé que tú tienes tus propias intenciones. La desgraciada me conoce bien. —Siempre piensas lo peor de mí —me hago el ofendido. —Porque estás entre lo peor —sonríe—. Ahora habla. —La idea es reunirnos de forma clandestina con algunos clanes, hacerles ver que los Romanov no somos ningunos traidores de mierda y que tú sigues viva. Mostrarles cómo tus tíos les han jugado sucio por demasiado tiempo y decirles la verdad, que tú estás dispuesta a recuperar el poder y que no estás sola. —Por supuesto, todo esto es en tu beneficio y de tu familia —me interrumpe. —Sabes bien que no puedes sola. —La veo apretar los puños y creo que va a partirme la cara por decir eso, pero alguien tiene que darle un golpe de realidad—. Si vas conmigo, como mi esposa, sabrán que no somos traidores y que tienes a los Romanov de respaldo, nadie se opondrá a tus órdenes, te seguirán a donde vayas. —¿Y quién te dijo que dejaría que alguien se opusiera a ellas? —Parece realmente confundida—. Conmigo las cosas son así, te unes o eres enemigo y a los enemigos los liquido. Sencillo. —Debes pensar con más estrategia, Bebé. No puedes recuperar el poder si no te queda nadie a quien gobernar. —Trato de hacerla entrar en razón—. Tenemos que darles donde más les duele. Si no aceptan, secuestramos a alguien de interés, retenemos mercancía o algo parecido hasta que accedan, hasta que vengan a tus pies clamando misericordia. —En ese momento, mato a dos o tres para que sepan que no me pueden estar jodiendo y luego, los que queden, pueden unirse a nuestra causa. Asiento para que sea feliz y una risa divertida se me escapa. —Podrías haber sido menos hijo de puta con ella y tal vez, una de las dos, no te odiaría —confiesa. —Es mi trabajo, entonces, no solo ganarme la confianza, sino el perdón de alguna de las dos, Bebé. —Estiro mi mano hacia su rostro y ella deja que la acaricie. Cierra los ojos, mientras paso el pulgar por sus labios y la muy maldita abre la boca y me muerde duro, al punto de romper la piel. Si no es porque le doy un empujón, no me suelta. Después me sonríe con los dientes manchados de mi sangre y veo la marca en mi dedo. —Eres una maldita loca —le gruño. —¿Entonces? —Ella ignora lo que le digo—. Después de reclutar a los clanes, ¿qué? —Después de tener a los aliados necesarios, vamos juntos por lo que te pertenece, para que borres algunos nombres de esa lista que tienes. —¿Incluyendo el tuyo? —Me sonríe. —Eso lo resolveremos en el momento, Bebé. Todo a su tiempo. Al parecer, haga lo que haga. Jamás me sacará de su maldita lista.
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