POV Iván Romanov Todo en esta habitación huele a ella. Es como si estuviera aquí, en cada rincón, en cada objeto. Su esencia está impregnada en cada lugar. Abro el armario y sus vestidos cuelgan, inertes, pero aún impregnados con su esencia. Acaricio la tela de uno, un vestido azul que solía usar cuando sabía que íbamos a una cita, aunque era poco común que tuviésemos citas, solía preparar siempre el balcón para cenar juntos a la luz de la luna, algo que ella, sin duda, amaba. Al igual que cuando solíamos bailar descalzos en esta habitación sin otra música más que los latidos de nuestros propios corazones. Solía girar en círculos frente a mí, riendo, mientras decía que era "el color de mis ojos cuando estoy feliz". «¿Cuánto hace que no veía esos ojos en el espejo?». Me dejo caer al suel

