Juego perverso que solo él y yo conocemos

3358 Words

A veces, el silencio es una respuesta. En el caso de Pavel, es una clara señal para hacer conmigo lo que quiera. No hace falta que le dé el sí. No hace falta que le diga muy animada o bastante desesperada, que si quiero jugar, que si quiero que me folle, que si quiero que me torture de placer con su cuchillo. Solo basta una mirada, una maldita sonrisa sádica, para que mi Dazhbog entienda lo que quero. Y lo que quiero es arder. El club está lleno de vida nuevamente, luego de los alaridos y el desconcierto de los presentes a causa de mi arrebato. «De los celos». Niego, imposible sentir eso. «¿Verdad?». Las luces de neón parpadean al ritmo de la música electrónica que retumba en cada rincón. La pista de baile está abarrotada de cuerpos en movimiento, todos perdidos en el frenesí d

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