Mis ojos están fijos en Slanislav cuando Malika se aleja un paso de mí y yo la suelto, para tener mis manos libres ante cualquier mínimo movimiento de él o de cualquiera de los malditos que aquí se encuentra. No puedo darme el lujo de permitir que cualquiera le llegue a tocar un solo cabello. Ella podrá saber defenderse, eso lo llevo claro, pero ahora me tiene a mí, de su lado. Para dar la cara por ella, como nadie en su maldita vida lo ha hecho. Porque antes de pasar por ella, tienen que hacerlo por mí, derramar mi sangre, quebrar mis huesos, destruirme al punto de que no quede nada de mí, porque mi juramento hacia ella fue real, así como fue el suyo. Slanislav me mira con una sonrisa burlona en sus labios, una que quiero borrar pegándole un tiro en la frente entre ceja y ceja. Se burla

