Festejo 1

1649 Words
Subí a mi habitación y enseguida entré hacia el baño para darme una ducha, una refrescante ducha de agua fría era lo que en estos momentos estaba necesitando. Me despojé de mi ropa y abrí la llave del agua, cuando mi piel hizo contacto con el agua fría me erice de pies a cabeza, metí mi cuerpo completamente bajo la lluvia y un suspiro de alivio se escapó de mis labios. Tenía el cuerpo completamente tensionado por la operación de aquel animal que tuve que hacer y cuando la mano de Kevin se posó sobre mi muslo alteró mis hormonas haciendo tensionar aún mis músculos. Tomo el jabón y enjabono mi cuerpo, dejando que el agua golpee sobre mis pechos y mi panza. Cuando mi torso está completamente limpio y con olor a flores paso a enjabonar mis piernas y mis pies, terminó de enjuagar mi cuerpo y dejo que el agua fría siga cayendo sobre mi cuerpo. Sé bien que aún hay tiempo de sobra para salir, así que dejo que aquella exquisita ducha se prolongue lo que tenga que prolongarse. Mis manos puestas contra aquella pared de cerámicas negras, el agua cayendo por mi espalda y aquella mampara de vidrio que hacía que el agua no se saliera y cubriendo mi cuerpo, el vapor que había en la mampara era gracias a mi cuerpo caliente y el agua fría que chocaba contra él. Una parte de la mampara cubría el sector más privado de mi cuerpo con unas franjas blancas sobre el mismo vidrio. Mientras me relajo con el agua que cae escucho pasos muy cerca de mí y abro los ojos que casualmente había cerrado. - Si pudiera te haría mía en este preciso momento y no necesariamente tendrías que salir de ahí y no necesariamente tendría que desnudarme para entrar ahí - Me dice Kevin del otro lado de la mampara con una bermuda de jean, chanclas y una musculosa blanca. Inconscientemente sonrío porque se ve tan sexy hablando así, me vuelvo a parar y coloco una mano en la mampara limpiando aquel vapor que me impedía verlo y observo esos ojos azules que comienzan a formar una peligrosa tormenta y el destello del deseo cruza por sus ojos como un relámpago que ilumina el cielo en una oscura noche de lluvia torrencial. - El agua está exquisitamente fría, es tu decisión cumplir tu tarea ahora o más tarde - Respondo desafiante y su mandíbula se tensa y sus manos dentro de sus bolsillos se forman puños y baja la cabeza un segundo. - Sabes que si entro ahí no saldremos en toda la noche y tanto tú cómo yo, tenemos hambre - Responde, volviendo a levantar la mirada y viéndose aún más encendido que antes. - Yo no tengo hambre - Respondo segura y mis tripas suenan. Miro mi panza y luego a Kevin que con sus ojos abrazadores parece sobrepasar aquella franja blanca que cubre parte de mi desnudez. - Si, no lo creo. Mejor vamos a comer y luego hacemos lo otro - Dice y se queda parado mirándome, dejándome completamente perpleja, por su sinceridad y su determinación. Sonríe, niega con la cabeza y abre la puerta del baño y se va. Nunca me habían dejado así, sin siquiera moverme de mi lugar, jamás me había mirado alguien con tanto deseo, con tanto anhelo... Y sí, has tenido un solo novio y fue el pendejo que te quiso hacer mujer y no pudo; dice mi conciencia y me río, porque es cierto, pero ese será un cuento para otro momento. Salgo de la ducha, me seco y salgo con la toalla envuelta en mi cuerpo porque no traje ropa y tengo que vestirme en el closet o vestidor, Kevin siempre le dice vestidor, quizás porque es grande y por eso le dice así, pero para mí siempre fue closet. Abro la puerta del baño y al lado está la puerta hacia el closet, giro la perilla y entro. Enciendo la luz y el color caoba de los muebles me recibe al igual que las 9 puertas cerradas de un color crema, de las cuales solo uso 4. Cada puerta en su interior tiene una estantería en lo más alto en donde se puede guardar cajas o cosas que no utilices. Dos barras con perchas, para colgar camisas, vestidos o remeras y la otra para colgar calzas, jeans o pantalones y una cajonera de 2 cajones para guardar ropa interior. Cada puerta del lado izquierdo tiene esto, las puertas del lado derecho lo que tienen son dos barras para colgar cosas, y abajo un espacio especial para los zapatos. La puerta del medio, tiene especialmente una barra colocada muy alta para colgar cosas, una cajonera que funciona como estantería también, para colocar las cosas personales como relojes, perfumes, alhajas y demás cosas. En el centro del closet hay una alfombra negra con un sillón sin respaldo sobre ella. Camino hacia la primera puerta, en donde se encuentran los vestidos largos, aquellos que uso para salir en la noche, que son sencillos y sutiles, pero a la vez extravagantes. Opté por usar un vestido blanco, que se ajusta perfectamente a mi cuerpo, un cuello halter, mis brazos perfectamente descubiertos y encima de mi cuello una cadenita simple. A mi pelo lo dividí en 2, dejando una línea en medio de mi cabeza y haciéndome una trenza baja. En mis pies me coloqué unas plataformas color plata bajas, para no cansarme tanto. Saque un espejo pequeño del tercer cajón de la cajonera que hay en la puerta del medio para maquillarme. Puse colores suaves en mis párpados y un leve labial marrón, en mis mejillas naturalmente se me forma rubor, entonces no necesito. Coloco un poco de perfume en mis muñecas y en mi cuello, desodorante que eso jamás puede faltar y estoy lista. Cuando salgo del closet, Kevin se encuentra sentado en la cama jugando con su celular hasta que levanta la cabeza y me ve, vuelve su vista al celular y rápidamente vuelve a verme quedando anonadado. Sonrío y siento ese calor intenso en mis mejillas, señal de que estoy ruborizada. - No puede ser que seas tan hermosa - Deja su celular en la cama y se acerca con cautela hacia mí y me observa de arriba hacia abajo. - No exageres, es solo un vestido - Digo y él me abraza inesperadamente, confundida correspondo su abrazo y él suspira, lo aparto de mí y me mira con esos ojos tan lindos y tan ¿tristes?. - Perdón, es que estás muy linda y jamás creí que nosotros íbamos a estar juntos, eras y sos el amor que siempre quise tener, pero que jamás me animé a conquistarte - Me dice y algo dentro de mí se quiebra completamente. - Kev - Susurro y él con su dedo índice me detiene. - Siempre te presumí a mis citas creyendo que algún día me dirías que no eran para mí y en ese momento yo te pediría que tú fueras la oficial - Sonríe y agacha la cabeza - pero jamás paso entonces comencé a creer que no te gustaba y que aquella cara que ponías cuando te presentaba a una de mis citas era normal y por eso estuve varios meses trayéndote citas para que las juzgaras, pero jamás lo hiciste y me hizo sentirme cobarde - Dice y me mira con tristeza. Yo me sorprendo porque si bien tenía celos de esas mujeres intentaba disimular creo que no lo hice bien... - Kev, no hace falta que me pidas disculpas, si es eso lo que quieres pedirme, yo jamás las juzgue porque a mí jamás me perteneció ese papel y por muy enamorada que estuviera tampoco lo haría - Digo y sus ojos se llenan de lágrimas, es la primera vez que lo veo llorar y me sorprende. - No me veas, esto jamás lo viste y tampoco quiero que lo veas - Me dice y se da la vuelta para limpiarse las lágrimas y me giro con él, parándome frente a él, quitándole las manos de sus ojos. - No, esto si lo tengo que ver - Digo y él hace un puchero con sus labios y me hace sonreír. Limpio sus lágrimas y agarro sus mejillas y lo beso, aunque me tenga que parar en punta de pie aún con plataformas, lo beso, porque esto es lo que necesitaba para confirmar que este hombre me ama y que yo estoy enamorada de él, mi corazón late desenfrenadamente por él, por su roce, por su toque, por sus palabras, el solo verlo me provoca ganas de tenerlo conmigo para siempre. - Kathe, amor, te adoro y no sé que haría si no hubieras hecho aquella propuesta tan inocente, pero con un fondo tan oscuro - Me dice y pestañea varias veces para mirarme seductoramente. - Dios, deja de mirarme así, me provocas y muchísimo - Se ríe y yo me cruzo de brazos. Me acerca a su pecho y me abraza aún riéndose. - No sé que haría sin tus berrinches, niña - Me dice y besa mi cabeza - es hora de irnos, tengo que cambiarme y tenemos que cenar querida mía - Susurra a mi oído y yo solo asiento, sonrío y me separo de él. - Si estaba celosa de tus citas, pero no decía nada porque bueno, yo nunca creí llegar al lugar de hoy, así que eso, tenía celos, pero no iba a decir nada - Le digo y me doy media vuelta escuchando como se ríe. - Sabía que esas caras eran por algo, ¡vuelve aquí cobarde! - Me grita desde la habitación y yo como toda una "cobarde" voy hacia la cocina y lo dejo hablando solo. El solo hecho de asumir algo que él seguramente ya suponía me hace sentir vergüenza.
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