Ese mismo día en que fue sometida a la intervención quirúrgica que salvó su vida, al extraer el proyectil del disparo que de manera imprudente Luis Salguero logró atinar sobre su abdomen, el doctor que atendió a Iliang, descubrió que en su cuerpo, a parte de la suya se albergaba una vida apenas en formación. Una vida que pese a la gran pérdida de sangre de su incubadora, se negó a perecer, una vida que al igual que esa mujer que yace sobre esa camilla en la sala de operaciones debatiéndose entre la vida y la muerte, comenzaba a mostrar signos de no dejarse vencer por las adversidades del mundo. Motivado por sentir una especial admiración por esta mujer, ya que le recordaba a su progenitora, pues padecía de su misma condición y considerando que tal vez esta sea la única oportunidad con la
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