Como el resto de los días después del incidente con Gelys y de la noticia del periódico donde etiquetaban al pequeño huracán como “La Pequeña Abogada del Mafioso”, hoy desperté con una amargura que no me deja ni respirar. Llevo días odiando todo, odiando al mundo. Por momentos siento ganas de tomar un arma y acabar con todo a mi paso. Tengo una carga emotiva en el cuerpo que no me deja tranquilo. No sé cómo procesarlo. No soy de detenerme a analizar si todas las emociones que pudieran pasar por mi cuerpo son buenas o malas, a excepción del deseo y la lujuria, esas si las identifico en seguida, me producen una satisfacción tal que dejan en mi cuerpo una alegría, momentánea, pero alegría al fin. Igual me sucede con las veces que me ha tocado mandar a otro mundo a mis enemigos. En esos m

