—Perfecto. Escucha, necesito que estés muy atenta. Te mandaré nuevas instrucciones. Me senté más derecha en la bañera, el agua salpicando. —¿Por qué, mamá? ¿Qué pasó? ¿Julian te llamó? Miercolada, estoy segura de que el tapudo de Julián llamó a sus padres para ponerle quejas de mí. Eso es demasiado y juro que si me despiden, haré que pague. No es justo que despidan a mamá. ¡Sé que no soy una torpe, pero creo que hay que valorar lo poco que hago! —No, no, cariño. Es solo... son nuevas recetas. Y tienes que ir a comprarlas mañana por la mañana. —¡¿Qué?! ¿Ir de compras? No, mamá, pero ¿cómo? ¿No tienes todo aquí? —Sí, pero necesito ingredientes específicos que Julian acaba de ordenar. Una especie de fruta exótica y unas especias que solo se encuentran en la tienda gourmet de la ciudad.

