Mis ojos se abrieron de golpe. La fatiga desapareció, reemplazada por una incredulidad electrizante. —¿En serio? —pregunté, mi voz subiendo una octava. No puede ser, ¿será que todo esto es por mi foto pornográfica? Mierda, lo había olvidado, ¿qué es lo que tengo que hacer? —Sí, Señorita Flores. En serio. —Su boca se curvó en lo que parecía una sonrisa, pero que tenía más de depredación que de alegría—. Tengo planes para esta noche. Tengo pensado salir y luego tener visita. La frase cayó en el aire como una bofetada. Visita. —No quiero que aparezca en la mansión a partir de las 8:00 PM, Flores. Ni siquiera por un vaso de agua. La casa estará ocupada. ¿Entendido? —¡Entendido! —dije. —Perfecto —dijo Julian, enderezándose. Su mirada recorrió mi figura por un momento más, deteniéndose

