+++++++ Julian me miró con una ceja arqueada, esa expresión de superioridad que siempre lograba ponerme los pelos de punta y, al mismo tiempo, encender algo peligroso en mi estómago. Dejó la copa de cristal sobre la cómoda, un sonido seco que pareció retumbar en el silencio de la suite. —¿Una devoradora de lasañas? —repitió, dando un paso hacia mí con esa elegancia de depredador que sabe que su presa no tiene a dónde ir—. Flores, no me digas que el hambre te ha vuelto delirante. O tal vez sea el peso de la conciencia. —Tu madre, Julian —solté con una risita nerviosa, mientras retrocedía hasta que mi espalda golpeó la puerta cerrada—. Tu impecable y distinguida madre estaba en la cocina atacando las sobras como si no hubiera comido en una década. Me tuve que esconder debajo de la mesa pa

