+*+*+*+* Abrí los ojos de golpe y el corazón me dio un vuelco que casi me saca las costillas. El pánico es el mejor despertador del mundo, mucho más efectivo que el café o el sol de la montaña. Un ruido en la puerta. Un toque metálico, suave, pero definitivo. —¡Mierda! —maldije por lo bajo, mi voz apenas un hilo de aire. La luz del día se filtraba por las cortinas de seda, burlándose de mi falta de profesionalismo como amante clandestina. Se supone que debía ser una sombra, una gata que desaparece antes del alba, pero allí estaba yo, con el pelo enredado y el aroma de Julian pegado a la piel. Me quedé dormida. Soy un desastre. Soy la peor amante de la historia. Julian se movió a mi lado con la agilidad de un leopardo. Me puso un dedo en los labios y soltó un "shhhhh" que me heló la san

