+ Y en eso tuve otra oportunidad… Me deslicé de nuevo bajo las sábanas antes de que él pudiera siquiera protestar. —Ariadna, para... mi madre volverá en cualquier segundo con la bandeja —susurró él, aunque sus manos no me alejaban, sino que se hundían con fuerza en mi pelo desordenado. —Cállate, Sterling. Dijiste que querías descansar, pues déjame ayudarte —le respondí con un murmullo travieso antes de volver a rodearlo con mis labios. Esta vez no hubo sutilezas ni juegos para distraer a nadie. Fui directa al grano, con una voracidad que me sorprendió a mí misma. El calor de su cuerpo era embriagador y el peligro de ser descubiertos funcionaba como un combustible que me quemaba las entrañas. Julian soltó un gruñido profundo, un sonido que nació en el fondo de su garganta y murió en el

