+JULIÁN+ El cristal de la copa de Baccarat se sentía frío contra mis dedos, un contraste ridículo con el incendio que todavía me recorría las venas después de haber tenido a Ariadna acorralada en la bodega. Miraba el baile de las llamas en la chimenea, pero lo único que veía era el rastro de su piel, el movimiento de sus labios y ese delantal blanco que me daba ganas de arrancar con los dientes. Me encantaría que mi madre y mi padre siguieran en ese maldito crucero por el Mediterráneo. No es que no los quiera, pero desde que Ariadna entró en mi órbita, el concepto de "espacio personal" ha cambiado drásticamente. No quiero separarme de ella. Es una pulsión irracional, casi primitiva. Sé que es joven, demasiado joven para alguien con mi historial de cinismo y balances bancarios. No soy ton

