Julian se apoya en el marco de la puerta, cruzando esos brazos poderosos sobre su pecho desnudo. Me mira de arriba abajo, y de repente, el drama y las quejas se me quedan atorados en la garganta. Porque a pesar del dolor, de las piernas tambaleantes y del desastre que soy, la forma en que me mira me hace sentir que volvería a pasar por ese "toro" una y mil veces más. —Ven aquí, exagerada —dice, extendiendo una mano—. Te llevaré al sofá. Y sí, admito que tal vez me excedí un poco en el "control de calidad". Pero admítelo tú también, Flores... te encantó cada segundo de ese desastre. —¡No admitiré nada sin la presencia de mi abogado! —respondo, aunque termino aceptando su mano—. ¡Un momento! —frené su avance, poniendo una mano dramáticamente sobre su pecho desnudo mientras mis dedos, traid

