*+*+*+*+*+*+ El dolor no entró en mi cabeza de forma gradual; entró como un mazo de demolición golpeando directamente contra mis sienes. Cada latido de mi corazón enviaba una onda de choque eléctrica detrás de mis ojos. El silencio de la habitación era tan pesado que me zumbaban los oídos. —Aaah... —gemí, hundiendo la cara en una almohada que olía demasiado bien, demasiado a limpio, demasiado a... caro—. Mamá, por favor... apaga el sol. Siento que tengo un desfile de elefantes bailando en mi cerebro. Traté de estirarme, pero sentí el cuerpo pesado, como si mis extremidades estuvieran hechas de plomo. Los recuerdos de la noche anterior eran fragmentos de un espejo roto: luces de colores, el olor rancio a licor de la fiesta de Chloe, y un frío intenso. —Mamá, no me regañes... solo fui un

